John William Waterhouse, St. Eulalia, 1885
SANTA EULALIA DE MÉRIDA
EN UNA CANTILENA FRANCESA DEL SIGLO IX
JUAN JOSÉ CAMISÓN
Departamento de Filología Románica: Francés
Facultad de Formación del Profesorado. Cáceres
Universidad de Extremadura
El presente trabajo es un estudio de la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, primer texto literario francés del siglo IX. En él se hace una valoración lingüística y literaria de la misma, así como una apreciación de su función religiosa y social y de las repercusiones que en su época tuvo. Igualmente contiene, ya que dicho texto se centra en el martirio de la Santa emeritense, una aproximación biográfica a la vida de la Santa y un amplio capítulo bibliográfico sobre la misma.
The present work is an essay about the CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, the first French literary text from the IX century. It includes a linguistic and literary valuation of it, as well as an appreciation of its religious and social purpose and utility in the period in which it was written. It contains also, since this text tells the martyrdom of the Saint from Mérida, a biographical approach to her life and a wide bibliographical item about herself.
La CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE es el texto literario francés más antiguo que haya llegado hasta nuestros días (si exceptuamos Les Serments de Strasburg, al que habría que considerar más bien un texto histórico y que es del año 842). Se trata de un cántico religioso cuya música no se ha conservado sin embargo. Este himno fue compuesto en la Abadía de Elnone de Saint Amand-les-Eaux, cerca de Valenciennes, en la región picardo-wallona de Francia, a finales del siglo IX (para unos en el 878, para otros en el 881 o en el 882 y para otros incluso en el 885). Aunque este problema de datación del manuscrito podría quedar definitivamente resuelto si se tiene en cuenta que, según las crónicas francesas, tras la victoria de Louis III sobre los Normandos en Saucourt, el 3 de agosto del 881, se trajeron desde España hasta la abadía anteriormente citada las reliquias de Santa Eulalia, lo que pudo provocar la composición del poema en honor de la Santa en los siguientes años. La Cantilena apareció incluida en una recopilación de sermones de Grégoire de Nazaire, cuyas hojas finales estaban en blanco y fueron aprovechadas para copiar en ellas cinco canciones, entre ellas el Rithmus Teutónicus (primer texto en alemán), tres cantos en latín y la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE. El texto fue descubierto por Hoffmann von Fallersleben en 1837.
En la Cantilena se cuenta el martirio de una joven que prefiere conservar su virginidad y su fe cristiana antes que sucumbir a la tentación del maligno y adorar a los dioses paganos. El texto tiene veintinueve versos construidos sobre una base de pareados asonantes y un último verso final libre. Existe una clara tendencia a que el compositor anónimo utilice los decasílabos, sin que sea ello una constante métrica, pues incluye igualmente versos más largos e incluso otros mucho más cortos.
Y una vez hecha esta breve introducción al relato francés, nos gustaría, antes de ampliar más datos sobre el mismo, intentar una aproximación a la historia de la Santa emeritense, basándonos en los textos que, tanto antes como después del poema galo, hablaron de ella –especialmente de su martirio, por ser precisamente éste el tema abordado por la composición francesa–, aunque sólo sea para tener una correcta visión tanto del personaje protagonista de la Cantilena como del tema que en ella se desarrolla.
Y la verdad es que pocos datos históricos, por no decir ninguno, existen sobre los orígenes de Santa Eulalia de Mérida, sobre su vida y su martirio1 y, para encontrar rastros de su vida, debemos recurrir a los diversos Martirologios, a las Composiciones Poéticas Latinas realizadas por los clérigos y apologetas allá por los siglos V y VI, a las Cantilenas, a las Vitae Sanctorum, a los Flosanctorum y, en el mejor de los casos, a las tradiciones piadosas y populares2. En definitiva a documentos posteriores a su época en varias centurias (si exceptuamos el Peristephanom de Aurelio Prudencio escrito cien años tras la muerte de la mártir) y de dudosa credibilidad3, dado que todos ellos sin excepción están más engendrados por la fe que por la búsqueda de la veracidad histórica. Posiblemente hubiera existido una fuente fiable en una Colección de Antiguos Martirios de Eusebio de Cesarea, pero por desgracia se perdieron4 una buena parte de ellos y la otra fue destruida por mandato de Diocleciano5.
De todas maneras, tras un largo recorrido por estas fuentes6, sacamos en claro al menos esto7: que nació en Mérida aproximadamente en el 290 AD., que su padre, llamado Liberio8, si no pertenecía a la nobleza romana, al menos tenía una posición acomodada, y que su familia era cristiana. A través de estas narraciones y cancioncillas se nos da a conocer, igualmente, que el padre de Eulalia, para evitar males mayores, y puesto que en esta época había habido un recrudecimiento de las persecuciones contra los cristianos, decidió alejar a Eulalia de Mérida y trasladarla a la Villa de Ponciano (posiblemente la casa de algún pariente o amigo en los alrededores de Villafranca de los Barros, según unos autores, en el cerro de Santa Olalla, a 4 Kmts. de Lobón, según otros, en los alrededores de Cáceres a juzgar por las consideraciones de otros, o en la perdida ciudad romana de Segetia Restitua Iulia, según otros incluso). Se nos dice igualmente que es muy probable que, con esta acción, el padre albergase también la esperanza de que, una vez alejada la joven de sus amistades, olvidase sus aficiones religiosas y salvase de paso su cuello. Hay que recordar que en estos momentos estaba aún vigente el edicto del emperador Decio –249-251– que obligaba a los habitantes del Imperio a hacer sacrificios públicos a los dioses paganos, recibiendo los que así lo hacían un certificado de impunidad y siendo torturados hasta la muerte los que se negaban. Pero, a la vez, se nos cuenta que, en el año 254, el obispo de Cartago, San Cipriano, había enviado a los cristianos emeritenses una pastoral exhortándoles a no seguir el ejemplo de los libeláticos, es decir de los que habían obtenido el libelo por realizar dichos sacrificios9. De manera que la situación era doblemente comprometida para los cristianos, de ahí la decisión tomada por Liberio de alejar a Eulalia lo más posible de Mérida. Aunque se nos asegura, igualmente, que la joven seguía, a pesar de todo, convencida de su fe y embebida en la lectura de las Actas de los Mártires, libro con el que se la representa en sus iconografías, y —siempre según las leyendas piadosas— que a los doce años10, acompañada de una íntima amiga suya llamada Julia, se presenta ante el Gobernador Calpurniano o al Presidente de los Tribunales de Justicia (un tal Daciano11, enviado como Prefecto a Hispania por Diocleciano y que sería el responsable no sólo de la muerte de Santa Eulalia, sino también de las de Santa Engracia, San Vicente, los Santos Justo y Pastor y un largo etcétera de elegidos que lograron, gracias a su virulencia y crueldad, la palma del martirio) y le confiesa —en unas versiones al primero y en otras al segundo— su condición de cristiana. Y que lo hace hasta con soltura y desparpajo, que para eso su nombre significa: la que habla bien, la bienhablada, la elocuente —del griego ευ (bien) y λάλλεω (hablar)—. Todo esto ocurre en año 303 AD, es decir: siendo Emperador de Roma Aurelio Valerio Maximiano, que codirigía el Imperio con el título de Augusto, junto con Diocleciano. Eulalia, lógicamente y puesto que representa, como todo cristiano o toda nueva ideología, para el Imperio y la religión oficial, un movimiento desestabilizador12, es amenazada, de seguir en su empeño de no renunciar a su fe cristiana y en su negativa de realizar libaciones a las deidades paganas, con la tortura, lo que ocurre el 10 de Diciembre del mismo año. Cuentan las Cantilenas y las hagiografías, probablemente un poco exageradas13, que la Santa, tras vanos intentos por parte de los jueces de hacerla abjurar de su religión14, es sometida reiteradamente a insoportables castigos15. Dicen que sufrió hasta trece martirios16: fue azotada con correas plomadas, arañada con garfios de hierro con los que llegaron a herirle incluso hasta los huesos, derramaron aceite hirviendo sobre sus pechos, la obligaron a revolcarse en cal viva, vertieron sobre ella plomo derretido, la azotaron con varas de hierro y restregaron sus heridas con trozos puntiagudos de tejas rotas, aplicaron a sus costados hachas encendidas, la echaron en un horno ardiendo, le cortaron los cabellos y la pasearon desnuda por la ciudad (aunque milagrosamente una espesa niebla cubrió su cuerpo durante todo el recorrido), le arrancaron las uñas de los pies y de las manos, fue atada a una cruz y la dejaron caer de golpe para descoyuntarle los huesos, sufrió estiramiento de miembros en el ecúleo y finalmente fue quemada y asfixiada con braseros de fuego. En otras versiones, viendo el torturador que ninguno de los suplicios surtía efecto, ya que era inocente de culpas y, al parecer, eso la libraba de todo padecimiento, mandó que le cortaran la cabeza. De su cuerpo, en cualquiera de los casos, salió su alma trasformada en una paloma que subió volando hasta los cielos... Nos permitimos evocar aquí la preciosa iconografía de 1885 del pintor prerrafaelista John William Waterhouse titulada St. Eulalia para una mejor comprensión del suceso.
Cuentan igualmente las crónicas que la fama de la mártir corrió como la lumbre por la Península Ibérica e incluso más allá de sus límites, inundando todo el sur de occidente con el nombre de Eulalia o con sus variantes. Hay que decir que, además de los impresionantes hechos acaecidos, buena parte de la difusión de la gesta de la insigne mártir fue prestada involuntariamente por la crisis comenzada el 1 de Mayo del 305 con la abdicación simultanea de Diocleciano y Maximiano, ya que este hecho llevó al poder a Constancio Cloro y a Galerio y estuvieron tan ocupados peleándose entre sí hasta el año 311 que dejaron de lado la feroz campaña de exterminio contra los cristianos que había sido puesta en marcha por Diocleciano. Tanto es así que en ese mismo año del 311 el propio Galerio firma un edicto concediendo al cristianismo el estatuto de religio licita17. Y un año después, el emperador Constantino ordena que se le devuelvan a las iglesias cristianas todos los bienes confiscados y que se les de incluso una contribución con cargo al erario público, y en el 313 hace público el edicto de Milán, por el que, para conveniencia propia, declara a la religión católica (marginando con ello a las otras treinta y una sectas cristianas —lo dice el obispo Hipólito de Roma—) como religión oficial del estado. Luego estamos en un momento muy especial para que los hechos ocurridos en Mérida en el 303 AD puedan difundirse por todo el imperio en el decenio siguiente, y que lo hagan además sin trabas ni censuras, sino, muy al contrario, con gran orgullo, euforia y optimismo, debido al clima de tolerancia que existe en esta época con el cristianismo. Es muy posible que la Vía de la Plata primero, durante la dominación romana, fuera la primera vía de difusión, y que el Camino de Santiago, mucho más tarde, en el medievo, continuase su función divulgadora de la gesta de la joven emeritense. De modo que los nombres de Aulaliae, Olalla y Eulalia, que de todas estas formas se la llamó con el paso del tiempo, correrían de boca en boca enseguida y se desparramarían como la lumbre por la extensa geografía europea.
Con la aureola de joven mártir incorruptible y un renombre como el que adquirió enseguida –por su coraje y por su corta edad–, no es de extrañar que rápidamente se convirtiera Eulalia en una de las figuras emblemáticas para los defensores de la nueva religión que ya inundaba el Imperio Romano en la fecha de su martirio, y que surgieran enseguida composiciones que narraran el sobrecogedor suceso o cantaran sus alabanzas, algunas de las cuales se han mantenido vigentes incluso hasta la actualidad.
Sería absurdo pretender recoger en este pequeño estudio todo lo escrito sobre la santa emeritense a lo largo de los tiempos. Sin embargo, y aunque sólo sea por hacernos una ligera idea de ello para no caer en la tentación de suponer que la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE francesa fue un hecho aislado, intentaremos reseñar aquí algunos textos que nos han parecido especialmente significativos.
Así, en latín, y por seguir un cierto orden cronológico, se cuentan su vida y su martirio por primera vez en el Peristephanom de Aurelio Prudencio18 del año 404, y se habla de ella en una Homilía, Sermo die Sanctae Eulaliae, de San Agustín de Tagaste, obispo de Hipona, de aproximada fecha; también en el Chronicón de Idacio del siglo V; y parece que existió una Passio Eulaliae, hoy desaparecida, de la que probablemente bebieron no solamente Gregorio de Tours un siglo más tarde para sus escritos19 sino también el Oficio y la Misa Mozárabe; se cuenta su martirio en un Martirologio Cartaginés de principios del siglo VI, en el Breviarium Gothicum y en el Oficio y Misa de la Santa Liturgia Mozárabe20, también del siglo VI, en su Praelegendum, Hymno, Oratio, Illatio, y Benedictio y su Lauda, Antifona, Suplicatio, Capitula y Benedictio respectivamente; se habla de ella en Códice Apternacense, de mediados del VI y en el Liber in Gloria Martyrum de Grégoire de Tours, anteriormente mencionado, de finales de dicho siglo21, donde se recoge un curioso milagro de la Santa22; existen varios Himnos y Laudes anónimos de esta misma época y algunos firmados, como el Himno De Virginitate del músico y poeta Venancio Fortunato, del año 609; están, además, los 36 versos del Hymno In Laudem Beatae Eulaliae, del año 636, atribuido a San Isidoro de Sevilla y que posteriormente fue utilizado como Himno de Laudes de la Liturgia Visigoda, y un Hymno del Obispo Quirino del año 656; de nuevo se la nombra en las Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium24 terminadas de escribir en el año 680, en el Oracional Visigodo de Mérida, de idéntica época; y es de desatacar la Passio Sanctae ac Beatissimae Eulaliae Virginis & Martyris, o Pasión Apócrifa de Santa Eulalia, de finales del VII o principios del VIII cuyo autor habría sido un monje toledano para unos o un clérigo de la Domus Eulaliae para otros25; se habla de ella en los Martirologios de Beda y de Usuardo de finales del siglo VII; como igualmente se hace en un Himno sobre la Castidad, De Laudibus Virginitatis, del obispo San Adhelmo, abad de Malmesbury de principios del siglo VIII; igualmente se la menciona en el Parvum Rosweydi Martirologium y en el Martirologio de Wandalberto, ambos de mediados del siglo IX, y en el Martirologio de Adón del año 860; se compone en su honor una Passio Virginis Eulaliae, en prosa, en el siglo X, posiblemente basada en el himno de Prudencio, compilada en sendos Códices de los Monasterios de San Pedro de Cardeña y Silos; se cuenta todo su martirio en el Breviarius de Martín de Aragón (1356/1410); y son de destacar, por la abundancia de datos, el De Memorabilius et Claris Mulieribus de Iacobus Bergomensis de 1521 y el Códice Sanctorum de 1572; otro tanto le ocurre al Martirologio de Cesare Baronio, de 1585; hay un Himno para Maitines, Hymnus ad horas matutinas, para el propio de la iglesia sevillana, compuesto por Pedro Núñez Delgado en el siglo XVI; y Lucio Andrea Resendio (1498-1573) la menciona en su De Antiquitatis Hispaniae, en el capítulo dedicado a la Lusitania. Sin olvidarnos de que existen Himnos que aún hoy se le cantan, de entre los que destacamos el Hynno in festo Sanctae Eulaliae Virginis et Martiris de la catedral de Oviedo26, y muchos otros textos que no citamos por no abrumar27.
Sí haremos, sin embargo, aunque sea de puntillas, referencia a las inscripciones epigráficas latinas más antiguas donde se la menciona expresamente, como la lápida de la iglesia de Béziers, del año 44528, o la inscripción del cipo de Guadix del año 652, o las de Loja y La Morera, en Badajoz, de época posvisigótica, donde se hace referencia a unas reliquias de la Santa; y la inscripción del Calendario de Nápoles, fechado entre los años 847-877, donde se recogen los nombres de los mártires que celebran su dies natalis —día de su nacimiento a la fe cristiana, es decir de su martirio— en diciembre, entre los que figura, como es de suponer, el de Santa Eulalia de Mérida.
Pero volviendo a los apologetas y martirologistas anteriormente citados, de entre todos los textos latinos, vamos a seleccionar como uno de los mejores referentes descriptivos del martirio de la santa, que no como fuente para la cantilena francesa ya que es posterior a ella, al Codice Sanctorum qui in Ordine d. Iacobi in Spania specialiter celebrantur, un tratado de 1572, aunque posiblemente sea una copia monacal de textos muy anteriores. Y no lo hacemos por casualidad, sino porque nos parece uno de los relatos más clarificadores de los hechos martiriales que más tarde nos van a ocupar. En sus Lectio V y Lectio VI, se citan los referidos acontecimientos del padecimiento y muerte de la Santa de manera más descriptiva que en ninguna otra fuente:
...Civitatem autem ingressa ad Tribunal Iudicis accedens, increpare coepit illus saevitiam, et insaniam, quod Deum verum colentes suppliciis vexaret, et daemonum simulacra colere faceret. Quam Legatus audiens primum verbis demulcere aggreditur, ne in tam tenera aetate (duodecimum enim annum agebat) vitam perdere vellet. Adhortabatur etiam, ut Diis incensum adoleret. Quod beata Virgo renuens plumbatis caeditur. Deinde virgulis ferreis ab utroque latere usque ad ossa dilaniatur. In quo tormento Virgo laeto ore notas numerans in haec verba prorumpit. Nunc Christe Iesu in meo corpore his notis fortius inscriberis. Delectat me aspices hos legere, qui tua trophea, nomenque tuum sanguinis purpura scriptum loquuntur. Ad Haec insaniens Legatus iussit eam collo tenus in vivam calcem inmergi, ac aquam superinfundi, ut eo igne cremaretur: sed Virgini ardor ille non nocuit. Affertur plumbum liquefactum; quod dum super Virginis corpus funderetur, refrigeratum stupebat: urebat nihilominus carnificum manus. Novisime Eulalia Virgo post alia plura tormenta in equuleo extenditur, et ardentibus facibus lampadibusque latera eius aduruntur. Quarum flamman in caput, et faciem in volitantem Virgo aperto ore hausit, unde prodiens columba candidissima in coelum spectantibus cunctis evolavit quarto idus Decembris. Lictoribus autem fugientibus, sacto corpore in equuleo relicto magna nivis copia descendit, quae forum corpusque virgineum vice lintei tegebat...
Por idénticas razones seleccionamos también este interesante fragmento del De Memorabilius et Claris Mulieribus de Iacobus Bergomensis de 1521, donde el autor, además de contar con todo lujo de detalles los tormentos de la joven Eulalia, funde las leyendas de Santa Eulalia de Mérida con la de Barcelona, construyendo sobre ambas una sola historia, tal y como debió ocurrir en realidad, aunque aquí, por falta de espacio, sólo seleccionamos el fragmento del martirio:
...A diuo ergo
presbitero Donato edocta Eulalia, & ad martyrium pro Christi amore animata:
tertium supra decimum iam annum agens, a Datiano praeside detinetur, ad
execrandaq. deorum immo potius daemoniorum sacrificia compellitur. Cumq.
puellula constati animo soli deo vero, sacra facere se diceret, & Christum suum
esse sponsum affereret: nodosis primo fustibus ex arbore cum stirpibus decerptis,
expoliata, durissime caeditur.
Deinde ipsius mammillarum papillulae, feruenti, oleo perfunduntur. Post modum in
calcis vivae aceruum inmergitur. Atq. cum haec omnia constantissime superasset:
olla plumbo liquefacto Datiani iussu iterum repletur. Ipsaq. super ferreo lecto
nuda extenditur: vt si diis suplex immolare abnueret, ipso confestim
perfunderetur plumbo. Quae dum Thyrsi martyris passionem commemoraret, ad
christianumq. orationem fudisset, infundentium manus protinus exuffit plumbum,
virgini vero tepidum extitit. Quam ob rem Datianus, eam virgis ab integro
acerbissime caedi, minutisq. testularum fragmentis, illius plagas confricari
praecepit.
Tunc sancta virgo
Eulalia inter tot varios ictus, diuersaque supplicia & procellosos impetus, in
cruciatuum praelio constituta, praestantissimo pectore tang. coelestis armiger,
in tot tantisq. cruciantibus potens gloriabatur.[...] Praeses denuo eius genua
candelis accensis exuri mandauit, Inde sinapi aceto liquefactum eius naribus
infundi necnon & calcem oliuo permixtum, super ipsius vulnera aspergi: sicq. eam
in caminum igne succensum, immitti mandauit, In quo diu psallens, in flammarum
medio illaesa permansit: Educta deinde de igne, ad ipsius maximam confusionem,
nuda, decaluataq., per totam civitatem ab atrocissimo Datiano, viorgo
adolescentula iussa est circunduci.[...] Cunq. Haec & consimilia Eulalia diuino
afflata spiritu colloqueretur ad populum documentorum monimenta: e vestigio
extra urbem perducta & decollata, sanctum deo reddidit spiritum. [...] Dum vero
decollata fuisset Eulalia: mox ex eius ore columbe species exiit, & ad coelos
cunctis videntibus protimus euolauit, corpus cuius in ipsa eadem civitate, [...]
quarto idus Decembres. Quo quidem die, eius natalis dies, celebris apud Hispanos
habetur: & vrbis tutrix habita est.
En castellano, saltando sobre el Privilegio del Gran Maestre de la Orden de Santiago, de 1400, uno de los primeros escritores que nos narra su historia es Ambrosio de Morales (1513/1591) en su Antigüedades de las Ciudades de España; se nos cuenta también su martirio en un Aucto del Martirio de Sancta Eulalia, del siglo XVI, que se conserva en la Biblioteca Nacional; nos habla de ella el Padre Juan de Mariana (1536/1624) en su Historiae de Rebus Hispaniae (traducida por él mismo en la Historia General de España). Y, a partir de estas fechas, es abundantísima la información dada por los escritores sobre la santa emeritense. Basten como muestra sólo unos cuantos autores, más que nada por no atosigar con tantos datos, y unas cuantas obras de entre todos los que la citaron: Fray Pedro de Vega en su Flosanctorum de 1516, Fray Luis de Granada (1504-1588) en El Símbolo de la Fe, Alonso de Villegas en su Flosanctorum de 1578, Pedro de Ribadeneira en su Flos Sactorum de 1599, Juan de Marieta en su Historia Eclesiástica de Todos los Santos de España de 1596, Lorenzo de Padilla en su Catálogo de los Santos de España de 1538, Pedro Mantuano en Advertencias a la Historia de Mariana, y el imprescindible Bernabé Moreno de Vargas, en su magnífico libro Historia de la Ciudad de Mérida, de 1633, donde se pormenorizan todos los detalles de la vida y martirio de la Santa en los capítulos VI, VII y VIII. Una auténtica joya para quien esté interesado en el tema. Hay un extenso estudio de la vida y martirio de la Santa en la Historia Sagrada, Tomo XIII: De la Lusitania Antigua de Enrique Flórez de 1816. A lo que hay que sumar el gran acervo de composiciones poéticas hechas en su honor lo largo de los últimos siglos, de los que entresacamos en especial el Certamen poético a la Gloriosa Virgen y Mártir Santa Eulalia de Mérida, patrona del Obispado y Ciudad de Oviedo y del Principado de Asturias, con el compendio de su milagrosa vida, publicado por Felipe Bernardo Quirós en 1667; o los Certámenes Poéticos Emeritenses: la Corona Poética de 1875, en la que intervinieron poetas emeritenses y almendralejenses, y de la que Aquilino Camacho hizo una reedición en 1987; o los versos premiados en los Juegos Florales de 192229; o incluso el Martirologio de Valentín M. Sánchez Ruiz de 1949. Sin olvidar el Romance del Martirio de Santa Olalla escrito por Federico García Lorca en 1928, del que a continuación citamos el fragmento del Martirio, para disfrute de todos:
...Flora desnuda se sube
Por escallerillas de agua.
El Cónsul pide bandeja
Para los senos de Olalla.
Un chorro de venas verdes
Le brota de la garganta.
Su sexo tiembla enredado
Como un pájaro en las zarzas.
Por el suelo, ya sin norma,
Brincan sus manos cortadas
Que aún pueden cruzarse en tenue
Oración decapitada.
Por los rojos agujeros
Donde sus pechos estaban
Se ven cielos diminutos
Y arroyos de leche blanca.
Mil arbolillos de sangre
Le cubren toda la espalda
Y oponen húmedos troncos
Al bisturí de las llamas.
Centuriones amarillos
De carne gris, desvelada,
Llegan al cielo sonando
Sus armaduras de plata.
Y mientras vibra confusa
Pasión de crines y espadas
El Cónsul porta en bandeja
Senos ahumados de Olalla.
Nieve ondulada reposa
Olalla pende del árbol.
Su desnudo de carbón
Tizna los aires helados.
Noche tirante reluce.
Olalla muerta en el árbol.
Tinteros de las ciudades
Vuelcan la tinta despacio.
Negros maniquíes de sastre
Cubren la nieve del campo
En largas filas que gimen
Su silencio mutilado.
Nieve partida comienza
Olalla blanca en el árbol.
Escuadras de níquel juntan
Los picos en su costado.
Una custodia reluce
Sobre los cielos quemados,
Entre gargantas de arroyo
Y ruiseñores en ramos.
¡Saltan vidrios de colores!
Olalla blanca en lo blanco,
¡Ángeles y serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo!
Actualmente se le cantan Himnos en casi todas las poblaciones que la tienen como Patrona. Los de Totana, en Murcia30, el de Santa Olalla, en Huelva, y el de Ollauri en La Rioja son los más interesantes, aunque también se le cantan Himnos en Ilarraza (Álava), en Carda-Villaviciosa (Asturias), en Villafeliz (León), en Almonaster la Real (Huelva), sin olvidarnos de los Gozos a Santa Eulalia de Torquemada en Palencia, por citar sólo unos cuantos31. Y, cómo no, el que actualmente aún se le canta en Mérida, Gloria y Honor a la Mártir de Cristo, del Padre Sañudo, y el drama poético Eulalia, la doncella de Emérita, de Ramón Alegre Cabañas de 1954 o el texto escenificable Furia Divina de Isidoro Leyva. Así como los Poemas del Certamen del XVII Centenario del Nacimiento de la Santa32 o las diversas composiciones poéticas de Antonio Bellido Almeida, de entre las que destacamos los Gozos a la Mártir, la Plegaria a Santa Eulalia, A orillas del Guadiana y unas curiosas Sevillanas en Mérida a la Mártir Santa Eulalia.
Aunque, como curiosidad especial, no nos resistimos a insertar este soneto en castellano con sorprendentes arcaísmos y latinismos del poeta Francisco Llaurador, que dice como sigue:
¡O furia de Daciano! Insolentes
ministros infernales proclamando;
Eulalia vigorosa publicando
Celeste Numen, Gracias excelentes
Tú inventas penas grandes, diferentes,
Graves, tristes dolores machinando;
Eulalia mysteriosa frequentando
Dulces suaves amores evidentes.
Quantas fabricas tú, furia inhumana,
De tormento chimeras infernales,
Astuta, fraudulenta, cautelosa:
Tantas multiplicas (¡o nescia, vana!)
Coronas de Martyrio celestiales,
Santa Eulalia triunphando victoriosa.
También en otras lenguas se alabaron las virtudes de la Santa. Recordaremos, por citar algunos ejemplos, los diversos Hymnes del Breviario de la ciudad de Elne o los Tropes à Sainte Éulalie de San Marcial Levomicense en Limoges, en Francia. Existe incluso un romance en bable de Antón de Marirreguera (1605-1666): Cuandu examen les abeyes, que describe el pleito entre Oviedo y Mérida por la posesión de las cenizas de Santa Eulalia, y que, por lo curioso del tema, a continuación referenciamos:
Cuandu examen les abeyes
Y posen de flor en flor,
Si les escorren s'espanten:
Vanse y nun facen llabor,
Dexando'l caxellu vieyu
Pa buscar otru meyor.
Santa Olaya fo l'abeya
Que de Mérida ensamó,
Enfadada qu'adorasen
Les fegures de llatón.
Entonces el reiDon Sil
Andaba en guerra feroz
Colos moros que querín
Encabezase en León.
Permitiólo aquesta Santa
Que les vitories-y dio,
Matanza ficiendo nellos
Fasta qu'en Mérida entró.
Llegó al pueblu d'esta ñeña
Que tremaba de pavor,
Y esconfiaba del so cutre
Solliviaba de tremor.
Cutieron los antos güesos
Viendo que s'arrodiyó:
Si estovieren más carmúos
Saldrín fe-y acatación.
Trúxolos el rei piadosu,
De llacería los sacó,
Y metiólos per Uvieu,
Con gaites y procesión.
Mérida diz que-y tornen
Esta prenda que-y faltó.
Diga ella que quier dise,
Y aún con eso quiera Dios.
Si quieren que la llarguemos,
Paguenmos la devoción
Ansi de los que finaron
Como de los que ora son.
Diguenlu al Santu Sudariu
Ver quiciás si da razón,
Pos non tien otru cuidáu
El Señor San Salvador.
¿Quián ora-y lo mandará?
Bien s'echa de ver que nos:
Si nos lleven esta santa
Non hai mas qu'arrimar la foz.
Dirán ellos: morrió acá;
Diremos nos, non morrió,
Que está viva pa Asturies, ,
Si está muerta pa vos.
Y anque la lleven m'obligo
Que se tome per ú fo
Porque dexa conocíos
Y gran comunicación.
Si por amor d'esta Santa
Estremadura llibróo,
El prencipáu herederu
Pue dir tomar posesión.
Ella está mui bien acá.
L'otro vaya per ú fo,
Porqu'están del nuestru llau
L'obispu y gobernador.
Nosotros los del capote,
Cual con un ral, cual con dos,
Seguiremos esti pleitu
Fasta llevalu ante Dios.
O el texto catalán, compuesto por Enric Balaguer i Mestres, titulado Goigs al llaor de Santa Eulaia de Mérida, Verge i Mártir, patrona de Encamp en Andorra, que cuenta a grandes rasgos las excelencias de la Santa y su martirio y del que ofrecemos a continuación el texto íntegro:
Eulàlia, santa corona,
Pel martiri haveu guanyat.
Puix sous la nostra Patrona,
Deslliureu-nos del pecat.
Jesucrist us ha corpresa
I vivint del seu amor,
Sou gelosa del tresor
De virginal enteresa.
Per això vostra puresa
Guardeu amb gran castedat.
Puix...
La sang, donar generosa,
Per Jesús, Vós desitjeu;
I la fe que professeu,
Confessar-la valerosa.
Tota digna i formosa,
Us veu el tirà malvat.
Puix...
L'amenaça no us espanta,
Ni del món tots els tresors
Res no us diuen, i els honors
Trepitgeu amb ferma planta.
Contemplant fermesa tanta,
El tirà resta astorat.
Puix...
Del martiri feu l'estrena
Amb cruel assotament,
I un raig de sang innocent
Srut de puríssima vena.
Us posen dura cadena
I en presó us han tancat.
Puix...
Veient que fou tasca vana
El cruel turment primer
Cau sobre Vós el poder
De la gran mañdat pagana
Atiats per ràbia insana
Vostre cos han castigat.
Puix...
Es la vostra fe tan forta
Que venç quasevol turment,
I perquè es mofi la gent
El butxí nua us porta
El vostre amor us conhorta
Quan travesseu la ciutat.
Puix...
De la vostra carn, tan pena
Es mostrà Jesús curós,
Puix cau del cel pietós
La més blanca vestidura.
La neu blanc amb sa fina albura
Cobreix vostra nuditat.
Puix...
Sa molt excelsa Patrona
En Vós, Les Roquetes veu.
Puix sap que sempre escolteu
El qui amb gran fe s'us dona.
Vostres miracles son bona
Prova de gran santedad.
Puix...
Eulàlia, santa corona,
Pel martiri haveu guanyat,
Puix sou la nostra Patrona,
deslliureu-nos del pecat.
O, para seguir con diversidades lingüísticas, los versos que en Águeda (Portugal) se le cantan en su honor:
Sede a nossa protectora,
Sede sempre o nosso guía.
Valei-nos a toda hora
Da noite como do día.
Aunque es, obviamente, y por encima de este recorrido por los escritos que se han producido en torno a la Santa, el texto francés de LA CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, también llamado LA SÉQUENCE DE SAINTE ÉULALIE el himno que retiene toda nuestra atención en este opúsculo y el que queremos comentar especialmente. Primero por ser el documento más antiguo en lengua no latina que se conoce sobre Santa Eulalia, y luego por su indudable carácter candoroso, que le presta a la historia unos tintes de ingenuidad y sencillez difícilmente equiparable en los demás poemas compuestos sobre el referido asunto.
Las Cantilenas son composiciones medievales piadosas, versificadas primordialmente en antiguo francés –en lengua vulgar– (también se compusieron muchas en latín) que aparecen en forma escrita (hay quienes aseguran que dichas narraciones se difundieron oralmente a lo largo de los siglos precedentes) en los siglos IX, X y XI. Casi todas son hagiográficas. Recordemos que la cultura de la Edad Media es esencialmente religiosa y monacal, ya que el conocimiento y el instrumento de transmisión del mismo, la escritura, están en manos de los eclesiásticos, de los clérigos. Ellos, pues, utilizan dichas Cantilenas como vehículos de fe para llegar mejor a una gran masa de fieles, la mayoría de ellos desprovistos de cultura, que de otra manera tendrían más dificultades en captar el mensaje religioso. Las Cantilenas, junto con las esculturas de los pórticos de las iglesias románicas y góticas, son las vallas publicitarias y los spots televisivos, haciendo un símil un poco burdo con la actualidad, de la época. No es de extrañar que entre los siglos IX y el XII se escribieran miles de estas secuencias musicales, prohibidas luego casi todas por el Concilio de Trento –1545-1563– (Sólo cuatro fueron salvadas: Vexilla Regis de Fortunat, Victimae Paschali Laudes de Wipo de Bourgogne, Pange Lingua de Thomas de Aquino y Dies Irae de Thomas de Celano, a las que se le añadió posteriormente el Stabat Mater de Jacopo da Todi).
La mayoría de tales Cantilenas, sin embargo, aparecieron durante la alta edad media y, antes de ser censuradas, fueron cantadas y recitadas ampliamente como ejemplos devotos que servirían de apoyo a la prédica cotidiana o al sermón de púlpito, buscando siempre la imitación virtuosa, por parte del auditorio de fieles, de los paradigmáticos sucesos narrados en estas historias. Y nada mejor para ello que ejemplificar contando en dichos textos las vidas de los santos y sus milagros. ¿Cuáles? Los más impactantes, los que hubiesen tenido una vida de sacrificio tan impresionante que llamasen, por lo inusual, la atención poderosamente o, como en este caso, hubiesen sufrido, siendo tan jóvenes, martirio: Sainte Éulalie, Sainte Thaïs, Sainte Marie Egyptienne, Sainte Marguerite, Saint Alexis, Saint Léger... Además, sus autores, buscando posiblemente una mayor audiencia, no tuvieron ningún inconveniente en hacerlo en la lengua con la que el pueblo estaba ya más familiarizado que con el latín: cualquiera de las lenguas romances que estaban ya naciendo, y en este especial caso el francien.
Transmitidas estas Cantilenas por hombres letrados anónimos y que además tenían a mano, en los conventos donde trabajaban y vivían, buenas bibliotecas, normalmente se inspiraban todas ellas en anteriores textos latinos (semejantes a los que aquí hemos referenciado) compuestos sobre el mismo tema, cuando no se limitaban simplemente a traducirlos o a adaptarlos. Unos textos, todo hay que decirlo, escritos a menudo con rebuscamiento y patetismo, ya que sus compositores, llevados del cierto grado de formación que se les presupone –nos atreveríamos incluso a aventurar que eran considerados cultos en su tiempo–, no se privaban de abundar en estos aspectos dramáticos e insólitos tan del gusto de la época. Sin embargo es curioso que cuando escriben en lengua romance, lo hacen procurando alejarse de dicho estilo todo lo que pueden, no se sabe si por un deseo de ser mejor comprendidos por el pueblo o porque a la nueva lengua en ciernes le faltan aún los recursos lingüísticos necesarios y la sintaxis apropiada para expresarse de otro modo. Sea como fuere, esto se aprecia a simple vista en casi todas las Cantilenas y, en especial en la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, a la que le falta soltura y procedimientos morfosintácticos requeridos para ser considerada una pieza de literatura con mayúsculas. Lo que no le resta en absoluto belleza e importancia.
LA CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE es la primera de todas las cantilenas escrita en lengua vernácula. Exactamente en dialecto picardo-wallon. De ahí su especial interés para los estudiosos del francien. Con seguridad hay que afirmar que fue compuesta para otro destino distinto que el de permanecer pegada a la hoja de pergamino donde hoy se halla. Fue sin duda un panfleto religioso destinado a mover el espíritu indeciso y tibio de ciertos fieles a la hora de dar un paso comprometido con la religión del momento. Y, seguramente, fue durante un tiempo cantada o salmodiada y se propagó así durante muchos años, hasta que, pasada de moda, se quedó olvidada durante siglos en el códice en donde hoy aparece. Tenemos que pensar que en ese ir y venir de boca en boca se amplió o se recortó, o se deformó, o se retocó o se embelleció, hasta que el autor del texto que hoy conocemos puso fin a su camino evolutivo, dándole su forma actual.
Si tenemos en cuenta que el desvinculamiento de las lenguas romance del latín comienza a producirse de verdad a principios del siglo IX (sabemos que en el Concilio de Tours celebrado en el 813, se les concede permiso a los clérigos para predicar en lengua vernácula, puesto que el pueblo no comprendía ya el latín), estamos hablando de un texto excepcional por su naturaleza lingüística, pues se trata realmente del primer documento de este espectacular proceso. No es de extrañar, por lo tanto, que su autor escriba aún algunas palabras en latín (Cfr. texto de la Cantilena infra), sin ocuparse ni preocuparse de cómo podían decirse en lengua vulgar: anima, rex, post, clementia..., posiblemente porque convivían aún las formas latinas con las formas romances. O que inserte otras palabras con forma aún muy próxima al latín: oram, pulcella, Deo, colpes, roueret.... Es muy posible que dichos términos sobreviviesen sin ningún problema dentro del seno de la iglesia, que mantenía aún el monopolio del saber a pesar de todo. No olvidemos que probablemente se trate de un clérigo y que habla latín en su comunidad corrientemente. Sin embargo, y como el público para quien estos versos están escritos no es el de los clérigos, en conjunto, hace un esfuerzo meritorio por transcribir una manera de hablar que sus contemporáneos, sin duda, comprendían ya mejor que la lengua de Cicerón. Es evidente que conocería el texto latino en el que casi todos los medievalistas aseguran que se inspiró para escribir la Cantilena (un poemita de 28 versos sobre la Santa emeritense que, a nuestro gusto, nada tiene que ver con Secuencia Francesa ni en la métrica, ni en el estilo ni en la manera de tratar el asunto, pero que aparece en el códice copiado junto a ella)... Ello no le quita ni le añade mérito alguno, pues, aun aceptando que dicho texto le hubiera servido de fuente para escribir la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, el resultado es completamente diferente, tanto en la expresión como en el espíritu, manifestando la Cantilena Francesa un deseo de huir de la complicada retórica grandielocuente de la época para adentrarse por senderos narrativos infinitamente más amables, sencillos y espontáneos. La Secuencia Latina hace gala casi exclusivamente de la prosopopeya pomposa tan del gusto de la alta edad media, cuando no recurre a la oración trillada y a la plegaria reiterativa, mientras que la Cantilena francesa expone unos hechos abiertamente y sin rodeos, utilizando para ello la lengua cotidiana, y sin recurrir en ningún caso a circunloquios extraños o a consideraciones morales que pudieran enturbiar el hilo narrativo. A pesar de todo, dicha Cantilena no puede ser elevada a los altares de la literatura con mayúsculas sólo por estas virtudes, todo hay que decirlo, ni tiene un asombroso interés lingüístico, a parte de la emoción de ver que estamos ante el primer paso que una lengua romance da para despegarse de los brazos de su madre: el latín. Aquí está, y que cada uno juzgue:
Secuencia latina de Santa Eulalia:
Cantica uirginis eulalie
Concine cithara suauissona;
Est opere qu(on)iam precium
Clangere carmine martyrium.
Tuam ego uoce sequar melodiam
Atque laudem imitabor ambrosiam.
Fidibus cane melos eximium;
Uocibus ministrabo suffragium.
Sic pietate(m), sic humanum ingenium
Fudisse fletum compellamus ingenitum.
Hanc puellam nam iuuente sub tempore
Nondum thoris maritalibus habilem
Hostis equi flammis ignis inplicuit;
Mox columbe euolatu obstipuit.
Spiritus hic erat eulalie,
Lacteolus, celer, innocuus.
Nullis actis regi regum displicuit,
Ac idcirco stellis caeli se miscuit.
Famulos flagitemus ut protegat,
Qui sibi laeti pangunt armoniam!
Deuoto corde modos demus innocuos,
Ut nobis pia deum nostrum conciliet,
Eius nobis ac adquirat auxilium,
Cuius sol et luna tremunt imperium!
Nos quoque mundet a criminibus,
Inserat et bona sideribus.
Stemate luminis aureoli...
Deo famulantibus.
Con todo el respeto que nos merecen los medievalistas que dieron siempre como fuente de la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE a la Secuencia Latina que acabamos de ver y que aparece a su lado copiada en el códice de la abadía de Elnone, mucho más cercanos al contenido de la composición francesa nos parecen, en nuestra opinión, los versos del Canto III de la Ode in Laudem Aulaliae Martyris del Peristephanom de Aurelio Prudencio del año 404, donde, a pesar de su afectada retórica, al menos se narran los acontecimientos que se citarán luego en la Cantilena Francesa. De ese canto III facilitamos a continuación el fragmento del martirio, para comprobar dichos datos:
... Aut gladio feriere caput,
Aut laniabere membra feris,
Aut facibus data fumficis
Flebiterque ululanda tuis
In cineres resoluta flues.
Haec rogo, quis labor est fugere?
Si modicum falis eminulis,
Turis et exiguum digitis
Tangere Virgo benigna velis,
Poena gravis procul abfuerit.
Martyr ad ista nihil: sed enim
Infremit inqbe tyranni oculos,
Sputa iacit, simulacra dehinc
Dissipat, impositamque molam
Turibulis pede prosubigit.
Nec mora carnifices gemini
Luncea pectora dilacerant,
Et latus ungula Virgineum
Pulsat utrinque, et ad ossa secat
Eulalia numerante notas.
Scriberis ecce mihi Domine,
Quam iubat hos apices legere,
Qui tua Christe trophea notant,
Nomen et ipsa sacrum loquitur
Purpura sanguinis eliciti.
Haec sine fletibus, et gemitu
Laeta canebat, et intrepida,
Dirus abest dolor exanimo,
Membraque picta cruore novo
Fonte cutem recalente lavant.
Ultima carmificina de hinc
Non laceratio vulnifica
Crate tenus, nec arata cutis,
Flamma sed undique, lampadibus
In latera stomachumque fuxit.
Crinis odorus ut in jugulos
Fluxerat in volitans humeris
Quo pudibunda pudicitia
Virgineusque lateret honos
Tecmine vertificis opposito.
Flamma crepans volat in faciem
Perque comas vegetata caput
Occupat, exuperatque apicem
Virgo citum cupiens obitum
Appetit, et bibitore rogum.
Emicat inde columba repens
Martiris os nive condidior
Visa relinquere, et astra sequi,
Spiritus hic erat Eulaliae
Lacteolus, celer, inmocuus...
O el texto apócrifo de la famosa Passio Sanctae ac Beatissimae Eulaliae Virginis & Martyris Christi, quae passa est in Civitate Emerita sub Calpurniano Praeside quarto idus Decembris, de finales del siglo VII o principios del VIII, que a buen seguro conoció el autor de la Cantilena francesa, y del que recogemos los fragmentos que siguen –aunque sólo sea por establecer similitudes con el texto picardo-wallón– escritos ya en una lengua mucho más cotidiana:
...Eulalia beata respondit: Ego annorum sum circiter tredecim: putas te infantiam meam tuo posse terrore turbare? [...] Calpurnianus Praeses dixit: accede & sacrifica diis secundum imperiale praeceptum, quo possis tormenta evadere [...] Eulalia beata respondit: habeo sponsum divitem, immortalem Christum, qui te tuosque perdat & patrem tuum diabolum, qui dicitur Satanas. [...] Tunc Praeses persuadere volens dicebat: Considera infantiam tuam: aspice temetipsam: misere tui: vade thurifica, tu vivere possis. [...] Accede & sacrificia & diis inmola, ac declina mortis opera. Sed Beatam Eulaliam dum primis verberibus lacerata fuisset, Calpurniano dixit: Quid tibi prodest miser, quod honestatem meam insana temptasti ordinatione nudari? [...] Tunc praecipit ex sententia, B. Virginem cruciari, & vivam flammis cremari. Cui B. Eulalia respondit: Non timeo minas tuas: potens est enim Dominus meus, qui mihi in primis verberibus tuis tolerantiam tribuit, & ab igne quem nunc praeparas illaepsa conservare. [...] Calpurnianus Praeses militibus suis dixit: Date fustes de arboribus madefactos cum stirpibus suis, & expoliantes eam praecinctam caedite. [...] Afferte oleum & succendite: & oleo candente ejus mammillas perfundite. [...] Afferte mihi calcem vivam & illic eam mergite & aquam superfundite. [...] Plumbo ollam implete & vehementer callefactum ante eam afferte, & super lectum ferreum nudam sternite, Primum quidem illi poenam ostendite, si forte convertatur ad deos: & si sicraficare noluerit, ita eam perfundite. [...] Virgas afferte, & caedentes eam fragmentum textulae exhibite, & ejus plagas fricate. [...] Calpurnianus Praeses dixit: accede & sacrifica diis, ne forte ampliora tibi parentur tormenta. [...] B. Eulalia dixit: Fac cod cogitas, ut me in omnibus in Christo facias esse victricem. Calpurnianus Praeses dixit: candelas incendite, & ad genua ejus ponite. Eulalia beata respondit: ustulatum est corpus meum, & fortis inventa sum: sal jube mitti, ut plenius in Christo possit esse conditum. [...] Tunc Calpurnianus excitatus crudelissima voluntate dixit Carnificibus suis: In equuleo imponatur, & flammis ex utraque parte appositis comburatur. [...] Et cum in equuleo imponeretur, extenditur, torquetur, flagellatur: & distentis membris corpus crescebat ad poenam. [...] Post haec ergo B. Eulalia diversis generibus tormentorum macerata, pendens in Cruce super his omnibus gloriabatur commemorans se ipsam in quibus se ab infantia praeparaverat. [...] Sicque B. Eulalia gloriosa in suo agone festinans ad Dominum quo celerius ire properabat, & flamma ignis ex utraque parte apposita aperto ore suo vim rapuit & hausit incendium. Quo facto ex ore eius in specie columbae in conspectu omnium Sanctae martyris spiritus migravit ad Caelum...
O la información aportada por el Martirologio de Adón del año 860 –por lo tanto muy cercano a la composición de la Cantilena francesa– y que está copiado sin duda ninguna de los Martirologios anteriores de Beda, Isidoro, Wandalberto y Usuardo entre otros33, y en el que se nos proporcionan datos sobre la Pasión y el Martirio de la Santa en términos más acordes con los datos ofrecidos en la Cantilena Francesa y de los que, desde luego, adolece la Secuencia Latina que hoy se da, por gran parte de los estudiosos, como fuente del texto francés:
Apud Emeritam Hispaniae Civitatem natale S. Eulaliae Virginis, quae cum esset annorum XIII iussu Daciani Praesidis plurima tormenta perpessa. Novissime in equuleo suspensa et exungulata faculis ardentibus ex utroque latere appositis hausto igne spiritum reddidit, et cernentibus Christianis in specie columbae niveae coelum petiit. Cuius beatum corpus per triduum iussu Praesidis pependit in ligno, sed qui humana fuerint obsequia denegata, coelestia fuerunt munia concessa. Nam nix desuper corpus puellae adpersit, ut quod ab utraque parte appositis ignis ardoris sui incendio conflagaverat, nivali candore coopertum divina gratia dealbaret, sicque a Christianis reverenter ablata, et devotione debita, sub sacro altari deposita, miraculorum gloria illustratur.
Sea como fuere, bien que estos escritos u otros semejantes, que por supuesto que los había34, los hubiese conocido el autor de la Cantilena francesa o incluso que éste se inspirase sencillamente en las narraciones escuchadas a los romeros que, en aquella época comenzarían ya sin duda a recorrer Europa de Norte a Sur, nos parece que el texto de LA SÉQUENCE DE SAINTE ÉULALIE es otra cosa muy diferente de todo lo anteriormente escrito. A pesar de ser tan temprano, ya hace gala de una expresividad y una fluidez lingüística inusitada para el momento y para la nueva lengua romance (Cfr. el anquilosamiento lingüístico de los Serments de Strasbourg) y, aunque todavía ingenuos, describe unos acontecimientos secuenciales en los que se aprecia cierta estructura narrativa. Aunque su mayor virtud es, sin duda, el tremendo deseo que exhala de querer conectar con un público poco avezado a los grandes relatos complicados a los que el clero está acostumbrado y una simulada narrativa de andar por casa que la hace asequible a todo el mundo. Si bien es verdad que no se priva de una especie de conclusión u oración final, que obliga a seguir considerándolo en parte, y en cierto modo, un texto devocional. El manuscrito en el que nos ha llegado actualmente se conserva en la Biblioteca de Valenciennes (Francia), con las siguientes referencias: volumen nº 150, folio 141.
SÉQUENCE DE SAINTE ÉULALIE
Buona pulcella fut Eulalia:
Bel auret corps, bellezour anima.
Uoldrent la ueintre li D[e]o inimi,
Uoldrent la faire diaule seruir
5. Elle no’nt eskoltet les mals conselliers
Qu’elle D[e]o raneiet chi maent sus en ciel,
Ne por or ned argent ne paramenz,
Por manatce regiel ne preiement;
Niule cose non la pouret omq[ue] pleier
10. La polle sempre n[on] amast lo D[e]o menestier.
E por o fut p[re]sentede Maximiien,
Chi rex eret a cels dis soure pagiens.
Il lli enortet –dont lei nonq[ue] chielt,
Qued elle fuiet lo nom χρ[is]t[i]en.
15. Ell’ ent aduret lo suon element:
Melz sostendreiet les empedementz
Qu’elle p[er]desse sa uirginitet.
Por o’s furet morte a grand honestet.
Enz enl fou la getterent com arde tost:
20. Elle colpes n[on] auret, por o no’s coist.
A czo no’s uoldret concreidre li rex pagiens;
Ad une spede li roueret tolir lo chief.
La domnizelle celle kose n[on] contredist:
Uolt lo seule lazsier si ruouet Krist.
25. In figure de colomb uolat a ciel.
Tuit oram que por nos degnet preier
Qued auuisset de nos χρ[istu]s mercit
Post la mort & a lui nos laist uenir
Par souue clementia.
Traducción:
Eulalia era una buena chica,
Hermosa de cuerpo, pero mucho más de alma.
Los enemigos de Dios querían someterla
Y hacerla servir al diablo.
5.Pero ella no escucha a los malvados que le aconsejan
Que reniegue del Dios de los cielos,
Ni a cambio de oro, ni de plata, ni de alhajas,
Ni incluso bajo amenaza real o ruego.
Por nada del mundo logran doblegar
10.A la joven a que abandone su devoción divina.
Y por eso fue llevada ante Maximiano,
Que, en aquel tiempo, era rey de los paganos.
Éste le aconseja –cosa en lo que ella nunca cae—
Que renuncie a su fe cristiana
15.Y que adore a sus ídolos.
Primero soportaría cualquier suplicio
Antes que perder su virginidad.
Por eso murió con todo honor.
La arrojaron al fuego para que se quemase rápidamente.
20.Pero como no tenía pecados, no ardía.
El rey de los paganos no podía dar crédito a lo que veía.
Ordenó que se le cortase la cabeza con una espada.
La doncella no puso ninguna objeción.
Deseosa de abandonar el mundo, a Cristo se encomienda
25.Transformada
en una paloma salió volando hasta los cielos.
Todos te pedimos que te dignes rogar por nosotros
Y que Cristo tenga misericordia de nosotros
Después de nuestra muerte y nos permita estar junto a Él
Por su clemencia.
Para los que pretendan una mayor información lingüística sobre el texto en este campo, hay que decir se trata de un relato complejo y lleno de aparentes anomalías, por lo que, y aún a riesgo de parecer excesivamente especialistas y de alejarnos un poco del amable hilo conductor de este trabajo, vamos a tratar de dar, aunque sólo sea de paso, unos leves apuntes sobre las características lingüísticas de esta Cantilena.
Así, y como nota más llamativa que a primera vista nos impacta, además de esta aparente ingenuidad y simpleza narrativa de la historia que ya hemos comentado, hay que hablar de la excesiva rapidez en la exposición de los hechos, característica que, a primera lectura, nos llama enseguida poderosamente la atención y nos sorprende. No es gratuito ni casual, ya lo veremos.
Por otra parte, además de los latinismos y arcaísmos ya citados supra, la lectura del texto se ve dificultada por esas terminaciones en –ent (maent,ent) que nos llevan a pensar enseguida en una desinencia verbal de la 3ª persona del plural, pero que difícilmente pueden ser traducidas por tales teniendo como tienen un sujeto en singular (Deo, elle). Y es que dichas desinencias hay que interpretarlas como formas pronominales débiles que le aportan al verbo al que van unidas esa precisa característica de pronominalidad, y deben traducirse por se. Y, ya metidos en faena, posiblemente nos choque la alternancia constante de tiempos verbales desde el presente al pasado y viceversa que parece que alteran el hilo narrativo en todo el texto. Sobre esto habría que subrayar que, para la época, tan sólo el modo del verbo es importante en la narración. El tiempo verbal está tan desdibujado aún que pueden convivir perfectamente presente, pasado y futuro dentro de un mismo hilo narrativo sin que el autor se azare o se ruborice por ello (fut, auret, eret, furet, getterent, auret, rouerent están en pasado, mientras que, en medio de estos verbos, figuran otros en presente: voldrent, eskoltet, maent, pouret, aduret, voldrent, contredist, volat, oram, sin que le importe al autor que la narración se vea alterada constantemente) No ocurre igual con los modos que están perfectamente utilizados: indicativo para la realidad: fut, auret, eret, maent, pouret... o subjuntivo para la hipótesis: raneiet, amast, aduret, fuiet, perdesse, degnet, auuisset, laist....
A todo ello, y para complicar más las cosas, hay que añadirle las deformaciones dialectales picardo-wallonas como coist (por cuist) o diaule (por diable), la especial grafía de czo (Cfr. Ja est ço Rollant ki tant vos soelt AMER, de la Chanson de Rollant, en el más usual dialecto anglonormando), las no palatalizaciones de kosa y cosa, y las dificultades añadidas por las apocopaciones, las elisiones (Do por Deo, n por non, onq por onque, nonq por nonque, pdesse por perdesse, psentede por presentede) o las grafías helenizantes (χρistus y χρistien) utilizadas por el copista en el pergamino, o por las grafías erróneas (adunet por aduret del verso 15 o el poco claro lazsiet por lazsier del verso 24).
Y sin pasar por alto términos confusos como: lo suon element, que nosotros traducimos por sus ídolos, como interpretaba San Pablo los elementa mundi en Gálatas 4, 3., o el problemático si del verso 24, en el que de ningún modo podemos aceptar una locución con un si condicional, tal y como aparece en la mayoría de las traducciones, ya que en francien ese si es normalmente un reforzativo de la frase afirmativa, que en la mayoría de los casos ni siquiera admite traducción (Cfr. Les Serments de Strasbourg, La Chanson de Rollant, La Chansun Guillelme, Le Livre d'Alexandre, Tristan e Iseut, la Queste dou Graal, etc), ya que la condición normalmente viene marcada, sobre todo en estos textos arcaicos, por un se (Cfr. La Chanson de Rollant, Fabliaux, Roman de Renart, etc). Sirva como ejemplo este verso en el que el zorro le dice al cuervo en el Roman de Renart: Encore se vos vos volies, irieez plus haut une jointe35, o este otro del mismo fragmento: Se vos vos gardes des nois, au miels du secle chantisois36. Pero no sólo el si de dicho verso plantea problemas, sino que todo el verso 24 es conflictivo y somos conscientes de que algún especialista hubiera puesto el grito en el cielo de haber sugerido una traducción más comprometida y alejada de la ortodoxia medievalista como: sólo quiere que la dejen encomendarse a Cristo, a pesar de que teníamos muchas razones para haberla propuesto igualmente como válida.
Destacar, además, eso sí, que para un texto tan temprano, es curioso que no se aprecien rasgos de polimorfismo (si exceptuamos: Krist/[Χρristu]s, e/&, en/enl, elle/ell', kosa/cosa y ne/ned, de escaso impacto lingüístico), como ocurre en los textos de su época (Cfr. Serments de Strasbourg), por lo que debemos concluir o bien que la lengua en esta parte de Francia, en este dialecto y en esta época está en un estado de formación bastante avanzado o que los diferentes autores que recitaron la Cantilena con anterioridad al texto escrito en las postrimerías del IX la fueron puliendo sucesivamente hasta dejarla en las condiciones optimas en que el último copista se la encontró y pudo transcribirla.
Claro está, siempre que aceptemos la teoría de que estos cantos no son obra de un solo autor, sino que han ido surgiendo a medida que los religiosos fueron ampliando los sermones, los tropos o los himnos litúrgicos hasta desembocar en las cantilenas. Porque últimamente hay estudiosos (Yves Chartier) que piensan haber descubierto a través de investigaciones fundadas sobre la estructura musical del poema que, incluso aunque la melodía no nos haya llegado, parece correcto atribuirle la cantilena a un músico de la época: Hucbald de Saint-Amand, gran compositor y poeta de dicha abadía de Elnone. Lo cual no es óbice para que la teoría de un trabajo consecutivo o colectivo de varios predicadores anterior al texto definitivo siga siendo válida (Del mismo modo que la Chanson de Rollant termina con un verso que dice: Ci falt la geste que Turoldus declinet, y ello no nos debe llevar inmediatamente ni obligatoriamente a la conclusión de que el único autor de la Chanson de Rollant es el tal Turoldus, pues pudo perfectamente, de igual modo, ser sólo el copista o el iluminador o el recitador o el declamador, que todo eso podía significar declinare en aquella época, a parte de estar cansado). Habría en último caso que investigar en los libros de bautismo franceses de los siglos anteriores a la fecha del texto de la Cantilène para constatar si abunda en ellos el nombre de Eulalia, dato inequívoco de que la leyenda circuló oralmente antes de pasar al pergamino, lo mismo que el haber encontrado en dichos libros parroquiales muchos nombres de hermanos llamados Rolland y Olivier antes del siglo XI nos pone de manifiesto que la Chanson de Rollant fue recitada durante las centurias precedentes al texto de Turoldus, es decir: antes del 1090.
Sí habría que apreciar, sea cual sea el autor, que éste (o éstos) se esforzó en la medida de lo posible para que lo que dejaba por escrito tuviera el aspecto de una lengua bastante fluida. Siriéndose del decasílabo como base (no es una rareza, ya que en este metro se componen no pocos de los cantos populares y es la versificación preferida de los clérigos hasta bien entrado el siglo XI), el autor de la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE compone una estampa clara y concisa del suplicio de la Santa. En efecto, no se trata de un lenguaje patoso ni insulso como a primera vista pudiese parecernos en una aproximación apresurada al poema galo. Muy al contrario, la narración es ágil y vivaz, puntualizando únicamente los detalles primordiales, sin pararse en asuntos secundarios o incidentales. Las rápidas y aparentemente desdibujadas imágenes descritas tienen, por el contrario, una gran fuerza evocadora, pudiendo el autor, con esta técnica, elaborar todo el martirio de la Santa y sus prolegómenos tan sólo con cuatro pinceladas. La razón no es casual. Un texto de estas características debía llegar al corazón de los fieles con la velocidad de un dardo. De ahí su concisión y su construcción sinóptica. Por eso únicamente nos pinta los principales detalles sin distracciones. Que Eulalia era buena y hermosa. Que los paganos quieren que abjure de su fe cristiana. Que la joven, a pesar del chantaje, no acepta. Que el emperador Maximiano le ruega que se lo piense antes de que la someta a horribles tormentos y que, tras una nueva negativa de la santa, la arrojan a una hoguera para que se queme. Y, como no se quema, le cortan la cabeza. Todo concluye con su alma volando en forma de paloma y dirigiéndose al cielo. Para finalizar, una oración: Santa Eulalia ruega por nosotros. Al autor no le importan los pormenores. Ni nos habla de la familia de la joven, ni de su amiga Julia37, que por cierto, dicen que aceptó a su lado el martirio gustosamente. Ni del sacerdote que la instruyó en la fe cristiana, llamado Donato, que también sufrió martirio. Ni que el Gobernador de la época en aquel momento era Calpurniano, ante quien, en principio, debieron haber ocurrido los hechos. Ni dónde se produjeron los acontecimientos si en el palacio de justicia, en le foro de la ciudad o extramuros de ella. Además de incurrir en disparates espacio-temporales tan graves como el de poner a la joven ante el emperador, lo que supone o bien que ella se trasladó a Roma o que el propio Maximiano vino a Mérida. O, llevado por la costumbre del momento en que escribe, el de otorgarle a Maximiano el título de rey en lugar de el de Emperador. Pero todo ello no lo hace posiblemente por torpeza, sino que está encaminado a plantearle a su auditorio un esquema claro y conciso de los acontecimientos sin tener que andar dando excesivas explicaciones. Es mucho más fácil establecer directamente un diálogo entre la mártir y el emperador que no realizar circunloquios y perífrasis tratando de explicar que los guardias la apresan, que el Gobernador Calpurniano dicta una orden de prisión, que, ante las posibles gestiones llevadas a cabo por el influyente padre de la Santa, Liberio, se paralizan los trámites del proceso hasta que llega una orden del emperador Maximiano y que luego se reinicia el juicio... Y es mucho más efectivo llamar rey en el siglo IX al Emperador de los romanos, dado que su público está familiarizado perfectamente con este título, que no explicar dentro del poemita qué es un emperador, para hacer comprensible la propuesta. También ha eliminado el autor de la CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE la desmedida respuesta que Eulalia da al Emperador, y que los anteriores apologetas y martiriologistas incluyen todos, escupiéndole a la cara y contestándole de manera soberbia, casi provocando ella misma el inminente castigo. Y por idénticas razones de agilización de la narración para hacerla mucho más efectiva. De modo que lo que en un principio nos podría haber parecido una torpeza estilística no es sino un recurso narrativo para no distraer a los fieles con asuntos episódicos o circunstanciales. Y así, LA CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE, se convierte, vista con estos nuevos ojos, no en un torpe intento de hacer literatura en una lengua que está dando sus primeros y atolondrados pasos, sino en un instrumento preciso, ágil y perfecto para la única finalidad que fue creada: la de remover las conciencias de los cristianos tibios o negligentes, o la de crear dicha conciencia allí donde aún no existía, y la de hacerlo con la celeridad de cualquiera de esos spots publicitarios actuales que te capturan el sentido con una frase clave o una bella imagen. Porque LA CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE es en esencia eso: un anuncio con mensaje subliminar incluido, cuando nadie imaginaba todavía que eso iba a ser la esencia del marketing en el futuro, un cartel provocativo para difundir una forma de vida no acorde con la cotidianeidad y la moda de la época, perfectamente diseñado cuando todavía no se sabía nada de diseño, o un artículo periodístico de primera página, cuando aún no se había inventado ni la imprenta.
Y bien que debió el pequeño opúsculo conseguir sus fines de propagar la aureola de la Santa emeritense entre las gentes y en divulgar su nombre y su temprana hazaña. Porque estamos seguros que, durante toda la Edad Media, Santa Eulalia fue mucho más publicitada en lengua vernácula, ya fuese en antiguo francés o en castellano antiguo, que en latín, y que esta publicidad se llevó a cabo esencialmente a través de este tipo de composiciones y por los caminos europeos más transitados en aquellos días38. A las pruebas nos remitimos. Sólo hay que observar que entre la Vía de la Plata y la Ruta Jacobea sobrepasan los 150 pueblos aquellos que llevan su nombre o la tienen por patrona.
De modo que con el tiempo y con una campaña tan eficiente, fue enseguida conocido el nombre de Eulalia en casi toda Europa39, llegando su renombre hasta nuestros días con repercusiones increíbles. Así hoy aparece como patrona de más de trescientos pueblos en España, y llevan su nombre otros ochenta, a los que habría que sumar los más de veinte en Sudamérica y EEUU, los seis en Portugal y los no pocos existentes en el sur de Francia y en Italia... Y es que el nombre de Aulaliae, de Eulalia y de Olaya se esparció, consecuentemente, por una extensa geografía como semilla llevada por el viento... Y, a conveniencia de las distintas lenguas, se deformó y se adaptó a sus diferentes fonéticas, siendo, por ejemplo, Santa Ulalia en la Sierra de Gata cacereña, Santa Olaja en Burgos y Palencia, Santalla en León, Santaella en Córdoba, Santa Olalla en Huelva, Santaya y Santabaya en Galicia, Santa Olaria en Huesca, Santolaria en Cantabria, Santa Eularia en Ibiza, Santa Eulàlia en Cataluña y en Andorra, Santa Olalia en Aragón, Santa Eolalia en Lousadelo, Santa Hilar en Ecuador...40 E, incluso, aunque algo desdibujada, será también la misma Santa Eulalia la que aparece bajo las denominaciones de Santa Balla, Santa Olaja, Santolaya, Santolaria. Sin olvidarnos de que además es Sancta Eolaiae en Fermentoes, Sancta Eolalia en Ripa Selii, Santa Olalha en Forramondaos, Santa Euléliao Santa Eolalia en Portugal, Sainte Éulalie, Sainte Aulais o Sainte Olaye en Francia, Sant'Eulalia en Italia, Sainte Éulalie en Canadá... O incluso singularidades fonológicas más estrambóticas como Santa Eulaia, Santa Iaria, Santa Illaria, Santa Hilaria, Santa Gilaria, Santa Aulaire, Santa Aulazie, Santa Ilaria, Santa Laria, Santa Hularia, Santillaria, Santa Valha, Santa Olea o Santa Laia.
Es, por lo tanto, oportuno que, puesto que este humilde texto francés, LA CANTILÈNE DE SAINTE ÉULALIE (compuesto hace casi mil doscientos años en una humilde lengua romance hablada sólo por unos millares de hablantes y a casi dos mil kilómetros de Mérida) posiblemente contribuyese, junto a otras narraciones del mismo tenor, a lograr tantísimos adeptos a la Santa emeritense, ahora, en el año 2003, que se conmemora el 17º centenario de su muerte, lo recordemos y le rindamos, aunque sólo sea por unos minutos, el tributo y el honor que se merece.
Mérida, 10 de Diciembre de 2003
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1 A pesar de que los Romanos, creadores del Derecho, cuidaban con toda legalidad el proceso, recogiendo a través de los notarii que tomaban nota de los interrogatorios, sentencias y ejecuciones, y conservaban en sus archivos este, para nosotros, admirable depósito testimonial. En numerosas ocasiones, los cristianos tenían acceso a dichos archivos y podían comprar las copias... (Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana)
2 Tertuliano e Ireneo dicen solamente que en el siglo II el cristianismo ya se había extendido en la Península (Ramón Teja: Mérida cristiana en el siglo III)
3 La verdad es que esta composición no es un documento histórico propiamente dicho. Prudencio es un poeta y no un historiador y las leyes de la poesía no son las mismas que las que rigen la historia: para la primera cuenta el deleite y para la segunda la veracidad... (Eustaquio Sánchez Salor: El ambiente religioso emeritense en época de santa Eulalia a partir del Himno de Prudencio)
4 Según Vicente Navarro del Castillo la causa es porque la inmensa mayoría de las actas de los mártires españoles, junto con los martirologios locales, desaparecieron barridos por posteriores persecuciones. Ello sucedió con los de nuestra mártir Eulalia... (Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda)
5 Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana.
6 Casi todos los datos de su biografía están sacados de la Passio Eulaliae Martiris, un texto apócrifo de finales del siglo VII o principios del VIII, copiado en el tomo XIII de la España Sagrada del P. Enrique Flórez (Vicente Navarro del Castillo: Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda)
7 La Passio Eulaliae Martiris es una composición literaria carente de valor histórico (Vicente Navarro del Castillo: Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda)
8 Parece inventado, y no son pocos los investigadores que piensan que dicho nombre está tomado del Obispo que en esas fechas ocupaba la silla episcopal de Mérida: Liberio (295-314 AD)
9 Sabemos por dicha epístola que incluso los obispos de León-Astorga (Marcial) y de Mérida (Basílides) habían apostatado de su fe durante las persecuciones de Decio (250 AD) (Ramón Teja: Mérida cristiana en el siglo III)
10 Para muchos investigadores este número es elegido por la simbología que tiene dentro de la religión judeo-cristiana. Doce es el número de los hijos de Jacob, doce las Tribus de Israel, doce los años que Jesús tenía cuando se perdió entre los doctores, doce los Apóstoles de Cristo, doce las estrellas de la mujer del Apocalipsis, doce los Frutos del Espíritu Santo... (Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana)
11 Los Martirologios y el Breviario de la Orden de Santiago dan a entender que el ministro de este martirio fue Daciano, lo cual no contradice a que hubiese sido Calpurniano su teniente, pues lo que éste hizo se le pudo atribuir al otro por haberse hecho en su nombre y por su mandato (Bernabé Moreno de Vargas: Historia de la Ciudad de Mérida). Henrique Flórez en su España Sagrada lo llama Calpurniano, mientras que los Martirologios de Adón y Usuardo lo llaman Datianus, mientras que el Breviario Eborense de Resende los funde en un solo personaje: Quum ab Hispaniarum Praeside Datiano Calpurnianus in Lusitaniam Legatus Emeritam devenisset...
12 Diocleciano había promulgado el 23 de febrero del año 303 un Edicto contra los cristianos. Por ese edicto se les prohibía a los cristianos adorar a su Dios y se les obligaba a realizar muestras hacia el culto romano. A principios del 304 otro Edicto era promulgado reforzando la severidad del primero, y obligándolo a los cristianos a hacer libaciones y sacrificios colectivamente, incluyendo a los niños, a los dioses romanos. (Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana)
13 La exageración de la pseudo-pasión de Eulalia, escrita siglos después y que arraigó profundamente en el pueblo, difundió la creencia de que fueron trece. (Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana)
14 No es extraño que el Juez someta a Eulalia a la presión de conseguir un apóstata más, que no otro mártir, a través de las riquezas o los placeres. Sabemos por la carta de S. Cipriano de Cartago que en Mérida había libeláticos... (Eustaquio Sánchez Salor: El Ambiente religioso emeritense en época de Santa Eulalia a partir del Himno de Prudencio)
15 E. Sánchez Salor apunta que tanto la negativa de Eulalia a aceptar las joyas y las alhajas que se le ofrecen a cambio de quemar incienso a los dioses paganos, como el retiro que la niña lleva a cabo en la finca de Ponciano, podían deberse a las prácticas ascéticas que las vírgenes que habían renunciado a la vida pública solían realizar dentro de su ideario religioso... (Eustaquio Sánchez Salor: El Ambiente religioso emeritense en época de Santa Eulalia a partir del Himno de Prudencio)
16 El martirio no obstante está lleno de lugares comunes: la valentía rayana en la temeridad, la presentación voluntaria ante el perseguidor, el rechazo a los dioses paganos... El diálogo con el perseguidor... Los tormentos (Eustaquio Sánchez Salor: El Ambiente religioso emeritense en época de Santa Eulalia a partir del Himno de Prudencio)
17 Pepe Rodríguez: Mentiras Fundamentales de la Iglesia Católica.
18 Canto III.
19 Vicente Navarro del Castillo: Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda.
20 Sacado de los siguientes textos: el MISSALE MIXTUM SECUNDUM REGULAM S. ISIDORI DICTUM MOZÁRABES, del BREVIARIUM GOTHICUM SECUNDUM REGULAM BEATISSIMI ISIDORI y del MISSALE HISPANO-MOZARABICUM (Teodoro Agustín López y López: Liturgia Hispano Mozárabe de Santa Eulalia)
21 Liber I, Cap. XCI.
22 Gregoire de Tours, obispo de dicha ciudad francesa entre los años 573 y 594 nos cuenta los siguiente: Eulalia gloriosa apud Emeritam urbem passa, magnum miraculum in die immolationis suae populis profert. Sunt igitur ante eius altare, quo sancta membra teguntur, tres arbores, sed ignarus ego, cuius sint generis. Cumque iam medio mense decimo, quando eius passio celebratur, sint ab omni foliorum decorae nudatae, ea die inclucescente caelo in modum columbae alitis flores proferunt suavitatis, scilicet quod sanctus eius spiritus in columbae speciae penetraverit caelos, et quod beatum eius corpusculum iam exanime vestibusque nudatum nix caelitus decedua molli vellere contexisset. Quod miraculum si solita arbores protulerint libertate, scit populus sibi annun vel praessuris vacuum vel frugibus plenum. Quod si tardius flores ex more paruerint, cognoscit plebs, sua hoc fieri noxa; nam, priusquam erumpant, quaerula ad sepulchrum martyrae ac maesta decumbet, deprecans, tu solitam promereatur conspicere gratiam; sed nec psallendo procedit, si haec manifestata non fuerint. Iam si placatur martyr a lacrimis plebis, emergunt protinus ex arboribus gemmei flores, qui odore nectareo respirantes, animi maestitiam et adventu laetificent et reficiant suavitate. Dehine diligenter collecti et in basilicam sacerdoti delati, processio cum gaudio celebratur, nam et hos flores saepius infirmis prodesse cognovimus.
24 Donde se la menciona en 33 ocasiones (César Chaparro Gómez: La Mártir Eulalia y las Vidas de los Padres de Mérida)
25 Vicente Navarro del Castillo, quien nos dice también que de esta Passio existe una copia íntegra en el tomo XIII, dedicado a la Provincia Lusitania, de la España Sagrada del P. Entique Flórez (Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda)
26 Compuesto por bellas estrofas sáficas, llenas de lirismo, a la manera prudenciana, que comienza: virginis laudes canibus pudicae... para luego ir narrando, en riguroso orden cronológico los incidentes del martirio hasta el momento en que su alma, en forma de una cándida paloma, surca los cielos (Manuel Domínguez merino: Himnodia Eulaliense)
27 Crónicas Jeronimianas (Antuerpiente, Corbeiense, Lucense, Florentinia, Labbeana, Richenoviense...), Martirologio de Rabano, Analectas y Liturgia Gallicana de Mallibon, Códice Smaragdino de la Iglesia de Toledo, Escritos de Fructuoso de Braga, Códice Veronense de Blanchini, Martirologio de Juan Tamayo, Actas de Mombrit, de El Belvacense, de Ruinat, de Bolando, de Solerio, de Thomas Trugillo, Escritos de Lucio Marineo Sículo, Chronicon de Sebastian Salmanticense, Breviario Eborense de García Resende, Breviario de la Orden de Santiago y varios Misales, Santorales y Breviarios antiguos de diversoso autores...
28 Othya presbiter anno XXXII presbyteratus sui baselicam ex voto suo in honorem sanctorum martyrum Vincentii, Agnetis et Eulaliae construcxit et dedicavit Valentiniano VI (II) et Anthemio (Consulibus)
29 De los que destacamos la Flor del Martirio de José Pérez Valero, el Himno a Santa Eulalia, Mártir de Demetrio María de Marañón, A Santa Eulalia de Mérida de Alberto Riscos, A Santa Eulalia de Francisco Pérez Hidalgo, los Gozos a la Mártir de Rafael Pulido González y las Coplas a la Virgen y Mártir Santa Eulalia de Vicente Calderón y Aquinario (Manuel Domínguez Merino: Himnodia Eulaliense)
30 Himno a Santa Eulalia y Gozos a Santa Eulalia Patrona y Abogada de Totana de Andrés Sobajano, Himno a Santa Eulalia del Padre Sañudo, jesuita y natural de Plasencia y que tiene la particularidad de ser el mismo que actualmente se canta en Mérida o las diversas Plegarias a Santa Eulalia de Mérida de Luis Martínez González, de M. García y de Fray Manuel Prat (Manuel Domínguez Merino: Himnodia Eulaliense)
31 Antonio Bellido Almeida: A orillas del Guadiana
32 Entre los que destacan los de los poetas: Antonio Bellido Almeida, Esi Cubero, Miguel Pérez Reveriego y Vicente Sabino Rivero.
33 En los cuales se lee: Emeritae in Hispania passio Sanctae Eulaliae virginis quae sub Maximiano Imperatore cum esset annorum duodecim iussu Daciani Praesidis pro confessione Christi plurima tormenta perpessa est, novissime in equuleo suspensa, et exungulata faculis ardentibus ex utroque latere appositis hausto igne spiritum reddidit.
34 Ver párrafo dedicado a fuentes latinas.
35 Aún si quisieseis alcanzaríais una octava más.
36 Si os privaseis de las nueces, seríais el mejor cantante del siglo.
37 Solamente la Passio Eulaliae Virginis cita el nombre de Julia, tomado del Códice Apternacense del Martirologio Jeronimiano del VII, donde se comete el error de transcribir Eulaliae por Iuliae: Etin in Hispania Iuliae virginis... Y sin embargo en otra copia de dicho códice, el Wisimburgense, corregido ya el error, aunque comete uno nuevo, dice ya: Etim Hispania in civitate Almeri Sanctae Eulaliae, virginis et martyris... (Vicente Navarro del Castillo: Eulalia de Mérida: su vida y su martirio a través de la Historia y la Leyenda)
38 Consumado su martirio, según la costumbre, el grupo (la Comunidad Cristinana) comienza a celebrar el dies natalis cada año y de cada mártir. Al mismo tiempo pasan la noticia al resto de las comunidades cercanas, y, con especial interés, a las lejanas. Así se inicia una cadena, que irá acompañada de unos textos escritos, en los que se narran las peculiaridades del martirio, para ser dados a conocer en lo que se dio en llamar La Liturgia de la Palabra... (Juan Fernández López: Han pasado diecisiete siglos, en Eulalia, Revista de la Asociación para el Culto de la Mártir Eulalia)
39 Además de las composiciones realizadas sobre la Santa, creemos que los diferentes lugares donde se pensaba que estaba enterrada colaboraron extraordinariamente a la difusión de su imagen. No son pocos los lugares que se atribuyen el honor de poseer sus restos, con Mérida a la cabeza. Wandalberto en su Martirologio del año 842 así lo afirma aún: Eulaliam sancto quartis veneramur amore Hispaniam, Emeritam cujus cruor ossaque servant... Y otro tanto creen los Ovetenses (Juan J. Camisón: El Corazón y la Espada, pg. 32), los Toledanos y los Barceloneses (Antonio Bellido: A Orillas del Guadiana, pg. 92). Pero lo mismo aducen los franceses, quienes aseveran que en el año 881 trasladaron desde España hasta la abadía de Elnone, en la región Picardo-wallona, las reliquias de Santa Eulalia. Y por si acaso, de nuevo realizan otro traslado desde España entre 1012 y 1020, esta vez hasta Elne, en el Rosellón.