Foto: Kalle Törmä

 

 

El espíritu de la Navidad

 

A lo mejor este año no te da tiempo a hacer el Nacimiento. Estamos tan ocupados... Hay tantas atractivas obligaciones que llevar a cabo en la acelerada vida que llevamos... Tanto por descubrir..., tantas sensaciones por experimentar aún..., tantas vivencias que nos ofrece esta cultura que vivimos tan afirmada en el continuo miedo a desaparecer sin haberlo tocado, saboreado, olido y experimentado todo... que lo más normal es que dejemos estas tradiciones de antes aparcadas en los recovecos del cerebro y de la pereza por correr detrás de los parpadeos multicolores de las grandes superficies y por atiborrar la casa y la cabeza de flashes deslumbradores, aunque seamos conscientes de que sólo servirán para cegarnos y autoaturdirnos con las supermarcas y con esos productos de nula necesidad que con tal voracidad adquirimos todos en estas fechas.

Por eso te propongo que ─ya que no vas a tener tiempo para sacar los paneles de corcho ni las figuritas de barro ni el río de plata ni de echarle nieve de harina a las montañas ni de colocar estrellas de plata ni casitas de cartón-piedra ni de instalar una puesta de sol con los reóstatos─ que hagas este año un belén en tu cabeza con figuras imaginarias que podrás ir colocando mientras conduces camino del trabajo, subiendo las escaleras de la oficina o, simplemente, mientras pones el mantel y colocas los cubiertos en el comedor de tu casa: busca pastores entre las gentes que conoces (hay muchos, ya te darás cuenta cuando lo pienses) y vete colocándolos en fila, cada uno con sus ofrendas cotidianas, unos con su profesionalidad, otros con su amabilidad, otros con su generosidad (hay mucha gente que siempre está dispuesta a ofrecer algo a cambio de nada...) y no te olvides de poner algunos con sonrisa, aunque sólo tengan eso, que son muy, pero que muy necesarios en este tiempo presente tan canalla y traicionero; otros a lo mejor deberás elegirlos por esa mano que saben echar cuando hay dificultades alrededor; búscalos entre tus amistades y compañeros de trabajo y, como te digo, vete asignándoles un sitio en el belén que instales dentro de tu mente, verás qué bien te quedan... Y, por supuesto, encuentra magos, que también los hay, esos que resuelven y transforman las situaciones de tristeza en momentos llevaderos, las miserias cotidianas en ratos soportables, y aúpalos encima de unas brillantes cabalgaduras para que destaquen. ¿Los tienes ya? Sí, justo ése... Y ése también... Y ese amigo que vive lejos y que casi ya olvidabas, que él llegará guiado simplemente porque lo necesitas... Qué bien quedan, verdad?! Y busca un buey y una mula. Te pueden servir esas personas que suelen dar cozes en público inesperadamente o que sueltan cada bronca sin venir a cuento que casi parecen auténticos mugidos las palabras que salen de sus bocas, pero que, luego, son pacientes y dan calor cuando se les necesita, y su presencia es poderosa y te procura confianza en los momentos peliagudos. A que sabes ya quiénes te pueden servir para estos dos papeles? Vamos a seguir: ahora necesitamos lavanderas. Y quiénes mejor que esas amigas que enjuagan, con su buenas mañas, las situaciones difíciles? Una, dos, tres, cuatro, ...veinte. No te habías dado cuenta que a tu alrededor había tantas. Pues ya ves, todo es cuestión de buscar, el mundo no es tan malo... Y leñadores que derriben los obstáculos que hay a cada momento y que hagan grandes fuegos con ellos para calentar a todos los que viven a su alrededor... Ya está funcionando todo el personal como querías? Pues ahora necesitamos pañales, claro que sí. Hace frío y no vamos a dejar al niño con el culo al aire con este relente navideño. Para esto te pueden servir esas personas que sabes que son como esponjas y que absorben y hacen desaparecer en sus corazones y en sus cerebros todas las negatividades y todos los problemas que les contamos, y los hacen tan suyos que, cuando te los devuelven, ya están limpios y libres de carga peyorativa y de miserias. Diste con ellas? Justo ésas! Pues vamos a seguir. Qué te parece si buscamos ahora cuatro cinco ángeles? A lo mejor tus hijos, los hijos del vecino. Tus sobrinas. Las niñas del señor que te vende la prensa diariamente. Esa chiquilla con el piercing que pasa cada mañana cerca de tu casa y que, aunque la veas con ese aspecto tan provocador, a lo mejor viene de ocuparse de su abuela enferma durante la noche. Ese chulito de pelo ensortijado que te mira con cara de pillo cuando vuelves del trabajo, cada vez que te lo cruzas en el portal de casa, y que, además de estar sacando este año la selectividad y el curso entero, ayuda a su padre por las noches en el supermercado de la familia. Hay muchos más de cuatro, estoy seguro, ya verás como no tienes problemas para hallarlos. Y, por supuesto, tendrás que colocar muchas ovejas, porque un nacimiento sin ovejas es solamente medio nacimiento, así que busca a todos esos humillados por las situaciones vergonzosas diarias que nos ofrece la vida cotidiana que nos ha tocado vivir y vete colocándolos. A todos esos que, humildemente, sufren persecuciones y vejaciones cotidianas, a todos esos que, sin levantar la cabeza, sobreviven, acobardados por los tiranos de la palabra, del gesto soez y de la acción autoritaria. Te saldrán a cientos. Te podría citar miles de casos, pero dejo a tu imaginación que los encuentre ella sola y que los vaya colocando en un mullido lecho de esponjoso musgo, a ver si, al menos, en este nacimiento que nos estamos inventando, descansan estos días de tanto agravio a que, constantemente, los somete la política actual, la prensa canallesca, la justicia parcial, la sociedad vindicativa, las conductas horteras, la falsa moralidad, el deseo de destrucción exacerbado que poseen los incultos contra los bienpensantes, la envidia desmesurada cotidiana y la maldad creciente que, inexplicablemente, se va apoderando de este país a pasos de gigante. Puedes colocar también al rey Herodes y a sus esbirros. Yo no te doy pistas, porque a ti te sobran. Cada uno tiene su rey Herodes particular. Y muchos coincidiremos en el mismo, casi seguro. Eso sí no le pongas corona, porque no se la merece. Déjalo con su traje y su corbata. Así basta. Y por favor, coloca indicadores, porque la gente está tan perdida que no sabe a donde va y por donde hay que moverse. Además del obligatorio: al portal, pon, por ejemplo: hacia la felicidad. O hacia la mansedumbre. O hacia la cordura. O hacia el optimismo... Y, por supuesto, no deberían faltar puentes para saltar la crispación, pasarelas para vadear los errores de interpretación de los acontecimientos cotidianos, pasajes para sortear la ceguera omnidimensional que nos aqueja ante los embaucamientos y la manipulación sin mesura de algunos de los charlatanes oficiales que nos dirigen tan desvergonzadamente... Por último pon a los mejores que conozcas con faroles brillantes, y que su luz ilumine los senderos para que las figuritas no tropiecen... Que después nos pasamos las navidades reparando brazos con loctite y piernas con escayola y con palillos... Ah, ya casi me olvidaba: y déjales una manta a los actores principales de esta historia, que menudo frío deben estar pasando con la que está cayendo...

 Ahora, cuando lo tengas acabado, paséalo estas navidades a cualquier sitio que vayas. La gente te verá con cara de alelado cuando te quedes pensativo a cada poco. Y se preguntarán por qué sonríes como un tonto sentado delante de una caña de cerveza, o paseando por la calle del brazo de la persona que va contigo, sin hacerle caso. Y serán incapaces de comprender que llevas un nacimiento imaginario en tu cabeza y andas arreglando el mundo a tu manera aunque sea por un rato para a ver si se le pega algo de la ficción a la realidad o se le cae al ángel del portal ese letrero de PAZ Y AMOR EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD y todo se contamina, de una vez por todas, de mansedumbre, de honradez y de cariño, y nos volvemos menos puñeteros los unos con los otros.

    Feliz Navidad.

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