LA DANZA DE EL GUIDAOR DE CÁCERES

Juan José Camisón

Cáceres, 20 de marzo de 2009

 

El baile de EL GUIADOR es una de las manifestaciones folklóricas más interesantes que aún perviven en la provincia de Cáceres. Y también una de las más oscuras.

Se trata de un baile que, antiguamente, ocho niñas y un niño iban bailando delante de la Custodia procesional, el día del Corpus Christi, a lo largo de todo el itinerario. Pero nos quedan serias dudas de que, en algún momento de su recorrido histórico, no hayan sido niños y sólo niños los intérpretes. Nada cambia en cuanto a la estética ni a la intención. Concepciones, otrora respetables y hoy obsoletas, acerca del rol de la mujer dentro de los cultos católicos puede que estuvieran detrás de ello. Hablamos de hace siglos, no del franquismo, claro. De tiempos mucho más remotos... Pero del ayer al hoy ha habido, en este asunto, una considerable evolución... Y el hecho de que, en la actualidad, sean niñas quienes bailan EL GUIADOR puede que, además, nos proporcione una pista muy importante sobre el significado de este baile. En efecto, pensamos que la intención de quienes bailaban la danza delante del Santísimo Sacramento era la de intentar representar a ángeles delante de la Custodia. Y, evidentemente, debieron de ser niños los elegidos a tal fin, cuando todo comenzara, en los albores del XVI (ni se pintaban entonces angelitas en los cuadros ni entraban de monaguillas las muchachas), que era terreno sólo permitido al sexo masculino… Y así debió seguir hasta que, en un momento dado, las niñas (posiblemente porque no estaba ya muy claro el propósito de un disfraz formado por un vestido blanco casi hasta los pies y porque la Iglesia estuvo en sazón para tal cambio) pasaron a ser las protagonistas de un rito que encajaba mucho mejor en hembras que en varones (perdida la primera intención de esta danza y desvirtuado y corrompido ya su simbolismo). Así pues, sustituidos los niños por niñas, en algún momento, además, se les añadió un velo blanco, muy de primera comunión, que completaría mejor el ajustado atuendo femenino, al entender de quienes ya habían olvidado que, en origen, se trataba de ángeles y no de comulgantes. Y ésa sería la razón que mantiene a ocho niñas, en la actualidad, vestidas con dicho traje talar casi hasta los pies y velo de gasa… Sin embargo, no creemos andar muy descaminados al suponer que, en tiempos remotos, aquellos originales infantes incluso pudieron llevar alas… La imagen sería casi perfecta al presentar al coro de querubes prácticamente revoloteando delante del Santísimo…

Lo que sí estamos seguros que hacían estas criaturas era, además de bailar, cantar y tocar sonajas, castañuelas, triángulos o panderetas delante de la Custodia, tarea, por otra parte, propia de ángeles que van ensalzando al Señor y pregonando en derredor suyo todo tipo de loas y alabanzas. En el extraño movimiento de las manos de las actuales protagonistas, queda aún el remedo y el hueco de haber mantenido, otrora, un pandero cuadrado (?) de esos que eran golpeados hacia atrás. A poco que se observen sus movimientos, se descubre que golpean al aire sobre un instrumento de percusión hoy inexistente… (Angelita Capdevielle dice que seeacompaña con flauta, tamboril, panderetas, castañuelas y un cuadro de madera, adornado con cintas de colores, del que penden muchos cascabeles…)

No es EL GUIADOR en único resto que queda de estas danzas, muy probablemente, como hemos dicho, del siglo XVI. Los seises de Sevilla, los Seises de Granada y los Seises de Talavera, por poner sólo tres ejemplos (pero hay muchos más) realizan recorridos muy semejantes aunque, en los primeros, la indumentaria se haya vuelto más barroca, creemos que en el siglo XVII, por la influencia de los tercios de Flandes y tal vez por la pompa que debía imponérseles, al actuar en una de las catedrales de más poderío, en aquella época, en el mundo entero…

Un estudio aparte merece el niño que va haciendo de guiador y que evoluciona por entre las niñas, zigzagueando con su baile de un lado para otro… Basta observarlo un mínimo de tiempo para darnos cuenta que, más que bailar, las molesta con sus culebreos. Y es que su origen hay que ir a buscarlo, posiblemente, mucho más atrás para encontrarle lógica…

Ha habido en las danzas muy primitivas (hablamos de rituales anteriores al cristianismo) una preocupación casi obsesiva por conectar con las fuerzas de la naturaleza a través de máscaras zoomórficas y de representaciones animalísticas, para intentar obtener los mejores resultados en los exorcismos realizados por las sociedades agraroganaderas de hace milenios. El hombre no se ha privado de travestirse de bicho para intentar llegar mejor hasta las fuerzas que controlaban los cielos y la tierra. Y en el folklore universal quedan abundantes restos de lo que decimos. En Cáceres hay ejemplos clarísimos de ello (desde el Jarramplas de Piornal hasta las Carantoñas de Acehuche). Pero, con la llegada del Cristianismo, muchos de estos ritos se vieron obligados a desaparecer por paganos. Y sólo los que estaban fuertemente arraigados en el corazón de quienes los practicaban asiduamente, pervivieron por encima de la reprensión… Éste es el caso de muchas máscaras zoomórficas que, imposibilitada la Iglesia para erradicarlas, se vio obligada a asimilar, en un sincretismo sin precedentes, y permitir que danzaran en sus rituales cristianos (hay que decir también que, gracias a la Iglesia, hoy aún están vivas). Y es en el Corpus donde, con más claridad, puede aún observarse dicha superposición de rituales. En efecto, los danzantes que la Iglesia no pudo eliminar pervivieron dentro de las festividades del Corpus Cristi. Pero, como la Iglesia no hizo ningún esfuerzo por comprender que se trataba de máscaras agrarias y ganaderas, acabó deformándolas y vino a identificarlas con demonios (ya que la mayoría de ellas portaba cuernos, como era lógico pretendiendo, como pretendía, representar a espíritus animales: cabras, chivos, toros, carneros, etc). Con el pasar de los años, hasta el propio pueblo se olvidó de su función mágica primigenia y acabó por identificarlas cómodamente con el Diablo, como la Iglesia les venía proponiendo siglo tras siglo, e incluso con el Mal, siendo ésa la interpretación que todavía hoy se les da a tales danzantes… (recordaremos, a este respecto, que el diablo que sale en el Corpus de Camuñas, en Toledo, se llama ya directamente el mal.) Lo que importa es que la  tradición de estos falsos diablos tuvo tal aceptación que, en muchos de los lugares en donde este ritual se perpetúa todavía, tales personajes salen a bailar incluso con cuernos, rabo colorado y tridente como el Satanás de las estampas…, desde los Diablucos de Helechosa de los Montes, en Badajoz, hasta los dos mil diablos de Yare, una población a 50 kilómetros de Caracas, perdiendo su función primigenia.

Pero hay que matizar ciertos aspectos: no podemos olvidar que, en determinado momento de su evolución histórica, estos diablos fueron forzados a protegerse de su rol negativo (ya olvidada su primera reencarnación y siempre según la iglesia) “cruzándose”, es decir: llevando sobre sus vestiduras el signo de la cruz, bien portando escapularios, veneras o rosarios, bien levando cintas cruzadas sobre el pecho representando así el símbolo del cristianismo. Y es, cuando menos, curioso que muchos de los danzantes del Corpus, existentes tanto en España como en Hispanoamérica, actualmente, vayan vestidos de blanco y lleven aún este tipo de simbolismo, la mayoría de ellos sin saber por qué lo lleva.

Es absolutamente necesario comentar que las originarias máscaras paganas se han ido deformando o incluso perdiendo, a medida que el rito se integraba dentro de las procesiones cristianas, en unos casos evolucionando a una careta roja de demonio, en otros simplemente a través de un remedo de las mismas (simplemente con la cara pintarrajeada de negro como en Los Negritos de Montehermoso), y, en la mayoría de los casos, se ha perdido del todo, dejando si acaso algún detalle sobre la cabeza que recuerde que, en su día, algo que hubo allí está simplificado en la actualidad (a través de un pañuelo, una cinta, una diadema, un gorro) como en el caso de EL GUIADOR.

Y ahora sí, ya sabiendo que este GUIADOR representa a un pequeño diablillo que las procesiones del Corpus aceptaron porque no les quedó otro remedio (o quién sabe si a conciencia para someter al sempiterno enemigo ante la fuerza poderosa del Santísimo Sacramento), comprenderemos que su papel, más que el de guiar a los angelitos en sus evoluciones, es el de zaherirlos y molestarlos para que no lleven a cabo correctamente su papel laudatorio y reverencial en la magna manifestación de fe que supone (o, al menos, que supuso, antaño, la procesión del Corpus Christi) la salida a la calle de la Sagrada Hostia.

No con otros ojos debemos ver este magnífico rito que hoy puede aún contemplarse en la ciudad de Cáceres, interpretado esta vez ante la Virgen de la Montaña cuando, una vez al año, en primavera, baja de su santuario para recibir de los cacereños pleitesía.

Ni siquiera la letra ha variado, que es a Jesús Sacramentado a quién va dirigida y no a la Virgen (aunque hoy se presente con un arreglo para no distorsionar excesivamente la procesión )… Y el buen observador podrá gozar, creemos que mucho mejor tras estas notas, de esta danza singular que se conserva aún en nuestra región, como uno de sus patrimonios folklóricos más interesantes.

Parece ser que la danza en cuestión procede de Portaje, un pueblecito cerca de Coria, y que llegó a Cáceres de la mano de unas maestras de dicho pueblo que, con un grupo de niñas, vinieron alguna vez a bailárselo a la Virgen de la Montaña, pero fue la Sección Femenina de Cáceres, allá por los años 40 y 50, quien la incorporó a su repertorio y quién se la bailó a la Virgen durante muchos años. Lo hacían a principios de la calle Caleros, como bienvenida, cuando la patrona de Cáceres llegaba hasta ese punto, luego de haber bajado la montaña y haber superado la Fuente Concejo… Y al desaparecer la Sección Femenina, desde hace casi 25 años, fueron las jóvenes bailarinas del grupo de folklore cacereño EL REDOBLE quienes lo bailaron, año tras año. Ellos igualmente lo transmitieron a los grupos folklóricos de los pueblos vecinos, entre ellos al de Torreorgaz, Malpartida de Cáceres y al de Sierra de Fuentes, cuando dejaron de bailarlo, hace ya más de 15 años, momento en que dichos grupos de Torreorgaz y Sierra de Fuentes lo incorporaron a sus respectivos repertorios.

 

Fue Angelita Capdevielle la primera que lo recogió como patrimonio cultural popular, en su CANCIONERO DE CÁCERES Y SU PROVINCIA, pero pertenece al acervo cultural cacerense para siempre. La lírica popular, al igual que todo baile o rito tradicional no tiene titular ni es de nadie en particular y puede ser interpretada, faltaría más, por cualquiera que lo desee, ya que ésa la munificencia del folklore (volkgeist=genio del pueblo), que pertenece al pueblo tan democráticamente que siendo de todos no puede ser reclamado por nadie en particular. 

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