SONETOS DE AMOR
LIBRO. POESÍA. EN CASTELLANO.
2002 (114 pgs.) (7 euros)
Distribuidor oficial: LIBRERÍA BOXOYO.
Plaza del Conde de Canilleros s/n, Cáceres.
Tlno.:927-627286
100 sonetos de tema amoroso, cincuenta de ellos rimados y otros cincuenta en verso blanco.
SELECCIÓN:
PRIMERA PARTE:
ROJO
I Si me miras así Si me miras así como me miras, lograrás que te quiera, aunque me muera por tener que avivar en mí la hoguera del amor nuevamente. Si suspiras cuando estás a mi lado y si respiras el aire que respiro aquí a mi vera, no podré resistirme y, comoquiera, te amaré, si de mí no te retiras. Yo no quisiera hacerlo todavía, pues llevo aún en el pecho firme y clara una herida de amor que me devora, mas, si no hay más remedio y tu porfía de nuevo a enamorarme me obligara, dispuesto estoy a amarte desde ahora. II Ayer te pedí pie para un soneto Ayer te pedí pie para un soneto y tú me diste el tuyo, apresurada. Mira por donde tu gentil bobada me sirvió a mí para el primer cuarteto. Te insistí que quería un pie concreto y tú lo descalzaste, descarada, del zapato, con una carcajada, y lo acercaste a mí, libre e inquieto. A ese pie juguetón, desnudo y bello, puesto en mi mano, debo este terceto, que, entre bromas y veras, ya concluyo. Por burlarte de mí, sólo por ello, ya verás cómo salgo del aprieto y termino el soneto, a pesar tuyo. III Como el mar Como el mar, me deshago entre tu arena diminuta, caliente y esponjosa. Como el mar, en tu playa rumorosa, voy dejando de amor la orilla llena. Como el mar, que bramando recio suena desde la lejanía estrepitosa con ruido de galerna vigorosa, me acerco a tu reclamo de sirena, y me transformo en cadenciosas olas que llegan, cercenadas por la espuma, a acariciar tu litoral desnudo. Como el mar, inundando caracolas, vengo, envuelto y oculto por la bruma, y a tu llamada, pleamar, acudo. IV Quiero, para volar... Quiero, para volar lejos contigo, las alas de las auras, la tersura de las olas del mar y la hermosura del tostado color que tiene el trigo. No te dé miedo el sol, vuela conmigo, y, abejas labradoras de dulzura, aleteemos bien hasta la altura de las estrellas sin ningún testigo. Que arriba, entre la luz, encontraremos prados de néctar, libertad sin tino, deleites en perenne torbellino. Y si es preciso nos abrasaremos, pero volando un vuelo cristalino en constante y perpetuo desatino. VI Al aire de tu talle estoy sujeto Al aire de tu talle estoy sujeto como al cuello del toro la campana. Hacia donde te gires hoy, mañana, yo te acompañaré sin paz ni asueto. Por ti, contigo, tras tu sombra, inquieto, perseguirá mi voz a tu desgana, enamorado al pie de tu ventana, hasta quedarme ronco por completo. Podrás, indiferente, tú ignorarme una vez y otra vez e, incluso, adrede, encerrarte en tu torre y no escucharme, mas yo te asediaré hasta que no quede ni un muro en pie que a mí pueda estorbarme, que, cuando quiere Amor, todo lo puede. X Al eco de tu voz Al eco de tu voz vive la mía, suspensa y siempre atenta a tu llamada, susurro de ala leve desplegada, veloz jilguero por tu compañía. A tu reclamo acuden en jauría mis afanes tras la corazonada que ha de seguir tu voz enamorada de mis hondos acentos todavía. Llámame pronto, amor, no te demores que, enjaulado en la angustia de la espera, me consumo en sus amplios corredores. Dime que vaya aprisa adondequiera, que han de volar mis dulces ruiseñores raudos por ti y veloces a tu vera. XIII Mañana será tarde No te silencies cuando te acaricio: despliega tu amplio aroma junto al mío, deja tu labio libre a su albedrío para buscar su gloria o su suplicio. Exprésate con calma o con bullicio, mientras yo me enajeno y desvarío por el caudal oculto de tu río hacia un profundo y vasto precipicio. Dame todo tu cuerpo y sus excesos, su turbación, su sed, su sacudida, y que nada te frene o te acobarde. Que lo que no nos demos hoy en besos se ha de llevar la muerte a la otra vida, y, para arrepentirnos, será tarde. XV En el espacio mínimo del beso En el espacio mínimo del beso es donde yo me pierdo más aprisa. En tu actitud ambigua e indecisa por donde encuentro el hueco del regreso. En tu mirada esquiva hallo el acceso a tu pasión equívoca y remisa. En tu apariencia dócil y sumisa, mi mayor confusión, te lo confieso. En tu abrazo descubro el desconcierto. En tu rechazo, un perentorio anhelo de sujetarme aprisa de tu brazo. En tu sonrisa, un páramo desierto. En tu desprecio, un rápido revuelo por quererme fundir en tu regazo. XVII Al mirarme Ya que al mirarme como lo haces vas alargándome el corte de la herida, mírame de una vez bien decidida y dame, sin piedad, como me das, otra profunda puñalada más para quitarme de una vez la vida; que, cuanto más me mires deseguida, con más presteza tú me matarás. Y no se aparten ya de mí tus ojos ni se detengan nunca de mirarme hasta darme, certeros, bien la muerte, para, después de hacerlo, sin enojos, poder una vez más resucitarme, mirándome de nuevo de otra suerte. XVIII Te perderé mañana Te perderé mañana, lo presiento, con los primeros rayos. Y tú sola bogarás por el mar como una ola que va y que viene y nunca tiene asiento. Te alejarás de mí y, en un momento, enrojecida furia de amapola, entregarás tu flor y tu corola a la primera ráfaga de viento. Soportaré tu ausencia. Todo pasa. No cierres al marcharte, que el olvido entre a ocupar el hueco que has dejado, que, en cuanto tú abandones esta casa, todo lo que contigo había perdido, al irte tú, lo habré recuperado. XIX Cuando yo me retire Cuando yo me retire de tu huerto: ¿Quién quedará para regar tu prado? ¿Quién será tu aparcero y tu criado? ¿Quién le hará al limonero un nuevo injerto? Cuando yo me retire, un inexperto se instalará, tal vez, en tu sembrado, y todo lo que yo había cultivado lo arruinará en confuso desconcierto. Y volverán avispas y avisperos a instalarse en tus árboles frutales y a atosigar las uvas de tu parra. Y se caerán, infectos de agujeros, los duraznos y pomas estivales, mientras canta en la oliva la chicharra. XXV Primavera ¡Déjame entrar en tu herbazal florido , surcar los pastizales de tu prado, recostarme en su yerba con agrado, dormirme entre las matas de tu ejido, acariciar el musgo tan tupido que existe en tu rincón más apartado, bañarme en tu rivera, y tu sembrado regar con calma, luego, agradecido! ¡Déjame entrar, mujer, hasta tu huerta donde ocultas tu tácita azucena! ¡No me rechaces justo aquí a la puerta, con este olor a albahaca y yerbabuena, con esta noche clara y descubierta, a punto de salir la luna llena! XXVI Verano ¿Por qué en mis arenales te aventuras y acudes a mi pozo ya vacío, si ha pasado hace poco un duro estío y apenas queda agua en mis honduras? ¿Por qué arrimarte a mí siempre procuras, si no lleva caudal mi exhausto río, y está su lecho lóbrego y baldío, lleno de lodo, cieno y piedras duras? No intentes acercarte todavía, que se ha secado incluso la fontana que manaba, otros tiempos, a porfía. Espera a que el otoño, cualquier día, vuelva a llenar, con su lluvia cercana, los veneros de mi alma ahora vacía. XXVII Otoño Pálida niebla tras de los cristales. Fina llovizna halada por el viento. Álamo aporreando a mi aposento. Aire ululando helado en los portales. Luz fantasmal de trombas colosales. Mi corazón, tirado en el cemento, solo, impacto del líquido elemento: rojo baúl de duelos primordiales. Raudos jirones malvas por el cielo. Grisáceos brillos del ocaso esquivo. Helada soledad siempre a mi vera. Parda hojarasca yerma por el suelo. Niebla esponjosa del otoño vivo. Niebla en el alma. Noche. Llueve fuera. XXVIII Invierno Cuajado está de nieve mi tejado y el carámbano anida en mi ventana. El frío viento azota, esta mañana, mi fachada, furioso y despiadado. Solo estoy a la lumbre acurrucado, escuchando el clamor de la campana que con su doble anuncia, ya cercana, que otro mortal el mundo ha abandonado. Sentado estoy, tapado hasta los ojos, observando las ascuas de la lumbre, mientras a mis espaldas, destemplado, el aire agita puertas y cerrojos. Solo estoy ya, aunque no me acostumbre. Solo sin ti, y mi corazón helado. XXIX La cita Uno de mis zapatos boquiabierto ato y coloco al lado de otro tuyo de terciopelo rojo. Lo atribuyo a mis manías de orden y concierto. Pongo mantel, dos flores y cubierto sobre un velador verde. Distribuyo los platos y las frutas, y no incluyo champán, que sé que no te gusta, ¿cierto? Espero hasta que salgas de la ducha y, mientras tanto, bajo la persiana y voy abriendo el anchuroso lecho. A lo lejos un hondo tren se escucha. No tengo que partir hasta mañana. La noche es amplia. Todo está bien hecho. XXXI Me dijeras que es falso Me dijeras que es falso si dijera que no te quiero mucho, cuando quiero morirme entre tus brazos, y me muero porque de veras sigas a mi vera. No podría mentirte, aunque pudiera, pues fuera mi mentira desafuero, que a mí me altera Amor y yo me altero queriendo que lo mismo tú me quieras. Por ti padezco tal padecimiento que apenas si mi pena me abandona, siempre siguiendo el rumbo que tú sigues, y, de pensar en ti, mi pensamiento en pura desazón se desazona por perseguir los sueños que persigues. XXXII Barra de bar Media cara en penumbra. Media llena de tibios resplandores de luz malva. La cadera apoyada –casi al alba– en la barra de un bar. Negra melena. En una mano, ahogándote la pena, que se ve que en la frente te cabalga, el recipiente de una copa larga. En la otra, tronchada, una azucena. Llego hasta ti. Me acerco sigiloso. Rebosa de tus ojos el regato insondable y amplísimo del llanto. No sé por qué, me siento deseoso de hablar contigo, de quedarme un rato... (¡Yo también sé de soledades tanto...!) XXXVI Inesperado final Pudimos, cuando antaño fue preciso, llenar de miel y abejas la morada, y gozar del amor, de madrugada, y de su dulce néctar sin aviso. Mas no supimos ver el paraíso ni entretejer, de noche, la celada para atrapar al alba enamorada... ...y hoy seguimos así... de compromiso. Nada salió como yo suponía ni nada logré hacer como previne o como habíamos ambos planeado. (¿En dónde estaba escrito que debía terminar este amor, como en el cine, con un intenso beso apasionado?) XLIV Inspiración Suena suave el aire cadencioso y artificial en un bello aparato, mientras me refrigera y, de su grato frescor, inunda el ámbito espacioso. En el ordenador observo, ocioso, de la pantalla el blanco y me percato que, aunque lo intente, nunca tu retrato seré capaz de hacer. Apenas gloso dos cualidades tuyas y reniego de lo escrito de ti. A veces creo que es por falta de paz y de sosiego. Otras porque me aturde el parpadeo que engendra el monitor y, medio ciego, ya sólo el halo de tus ojos veo. XLV Pasa el amor Pasa el amor, pasa la primavera, como tormenta de verano, pasa. Llega la calma haciendo tabla rasa de todo lo que, antaño, urgente fuera. Pasa el verano y la calor primera, pasa el fragor de los amores, pasa. Llega la mansedumbre y pronto arrasa todo aquel fuego y su pasión certera. Pasan los años, pasan sin clemencia. Del pasado no guardan ni memoria, borrando los recuerdos amorosos. Pasa la vida, pasa la apetencia girando, como giran en la noria, el agua y sus murmullos cadenciosos. XLVII Volver a decir hoy Volver a decir hoy que es todo tuyo: mi huerto, mi sembrado, mi besana, mi noche solitaria y cotidiana, tuyo mi cuerpo entero y mi amor, cuyo repentino arrebato lo atribuyo a esta pasión profundamente humana y a la obsesión espléndida y profana de sentir que, de pronto, me diluyo en ti, cuando te abrazo, y me emociona tu cuerpo cadencioso al recorrerlo con ansia y avaricia sobrehumana. Volver a ser por ti otra vez persona, para quizás de nuevo ya no serlo cuando te vayas, ay, por la mañana. XLIX No besaré tus labios No besaré tus labios ciegamente como hace tiempo hice, enajenado por tu mirar sedoso y delicado que me dejó aturdido de repente. No besaré tus labios nuevamente pues, entre labio y labio, agazapado, con el veneno bien disimulado, está el amor, como está la serpiente oculta en la espesura de las flores, dispuesto a emponzoñarme las entrañas con su astuta y terrible mordedura. No me convencerán tus seductores ojos y sus secretas artimañas una vez más con su falaz dulzura. L ¿Qué es el amor? ¿Qué es el amor? ¿Quién puede definirlo sin cometer un fácil atropello? ¿Es sutil y enigmático y, por ello, difícil de explicar y describirlo? Quien lo quiera aprender ha de vivirlo, pues lo mismo se muestra dulce y bello que, sin saber por qué, tira a degüello, y no hay modo ni medio de impedirlo. Nadie que nunca amó pudo sentirlo ni nadie averiguó cual es la clave para, cuando se siente, reprimirlo. Quien nunca lo vivió podrá fingirlo, pero saber qué es y a lo que sabe sólo quien lo probó puede decirlo.SEGUNDA PARTE:
BLANCO
1 Qué paciente, qué hermosa, qué serena me pareces hundida en tus quehaceres, arreboladas siempre tus mejillas en pura timidez y en puro fuego. Qué torpe soy que apenas si me atrevo a romper tu silencio y tu belleza con este afán, zumbido de avispero, de besarte en los ojos y en los labios. Tendrá que ser así, tu por las nubes constantemente huyendo de la tierra, en tu continua búsqueda del cielo, Y yo, aquí, silenciosamente casto, observando, abstraído, tus afanes, preso de amor, perdido en tu mirada. 3 Yo soy como el barquero que recorre tu orilla exuberante de carrizos, de juncos, de narcisos, de nenúfares, de sicómoros, mirtos y arrayanes. Bogo en silencio, sirgo, te bojeo, halo entre tus marismas y marjales, recorro tu ribera inexplorada, salvaje, densa, agreste, impenetrable. Tú te arropas con toda tu maraña de breñas, espesuras y malezas para ocultar tu acíbar oloroso. Yo me empeño, te abordo, te profano y entro entre tus manglares procelosos hasta encontrar la clave de mis sueños. 6 Yo busco una mirada donde se mire el cielo con su azul transparente de luces luminosas y no aparezca nunca ni un átomo de sombra, y estás tú, con tus brazos perennemente abiertos. Yo busco un sol rotundo, brillante y amarillo que caliente mi cuerpo cansado y mal dormido durante las tormentas de mis cavilaciones, y estás tú, con tu boca de cálidas palabras. Yo busco una mañana que no avance deprisa ni se convierta en tarde ni en noche ni en rutina, y allí estás tú de nuevo, con toda tu sonrisa. Yo busco un sueño intenso, sólo por mí soñado, donde salten los ciegos desde altos precipicios, y allí estás tú también, para coger mi mano. 10 Tú, dormida en tu sueño de cristales transparentes, azules, misteriosos, flotas, volando, en medio de las nubes, lejos de mí, colgada de los cielos. Atareada en tu profundo vuelo, atraviesas el mundo desde el suelo y, aunque quiero seguirte, nunca puedo porque me faltan ojos, alas, naves. Pero duerme serena, así varada en el aire sutil, con los neblíes sobrevolando tu celeste ensueño y navega tranquila por tus mares, mientras yo, desde aquí, contigo remo: tú por la inmensidad, yo por tu sueño. 18 Sobre las olas leves del estanque flotas como una Ofelia vaporosa en mis sueños de nardos y nenúfares, bogando sobre el agua transparente. El viento zarandea tus ropajes de ingrávidas sedosas oquedades y, como amplio velero, tú navegas fantasma blanco, alado, de mi noche. Tu trenza de cabellos va dejando una estela de plata por mi frente mientras cierro los ojos a su paso. Y tú avanzas, callada y perezosa, diestro cisne impoluto inaccesible, por mi desvelo y mis ensoñaciones. 19 Me acorralas con tantos titubeos, con tantos trinos, risas y palabras, enjambres de cristal azul marino, parloteos de tórtola azorada. Me llenas de avisperos los oídos, de cataratas y de mariposas los ojos y la frente cuando giras alrededor de mí contando a gritos tus historias de pájaros y peces, de norias y de pozos encantados que yo ni reconozco ya ni entiendo. Pero invádeme siempre con tu vida, con tu río de diáfanas cascadas y el milagro total de tu presencia. 20 Te quiero con las manos y los labios, con los ojos cerrados y la frente, con el vientre y el pálpito del cuerpo, como el sol quiere al trigo en el verano. Porque eres de greda maleable, de la tierra que se hacen los sembrados donde crecen higueras y olivares y anidan las alondras confiadas. Porque se siembra en ti como se siembra en la besana blanda y generosa que, pródiga, rebosa de cosechas. Porque tu mies es grano sin argañas, pan candeal, oblea refulgente de luz y de calor que me alimenta. 29 Desnuda eres un cesto de manzanas relucientes y tersas, bien maduras. Eres saboreable como el jugo de una granada abierta y perfumada. Desnuda eres sencilla, trasparente como la blanca luz de luna llena reposada sobre las tibias charcas que surgen en el medio de los prados. Desnuda eres de pan y comestible, de doradas espigas esponjosas, de menudas frambuesas aromáticas. Desnuda te acaricio suavemente y, al recorrer tu cuerpo con mis dedos, comprendo este milagro de tenerte. 31 Tus ojos me transportan a países lejanos en sus barcos cargados de tierra, mar y cielo, que navegan en aguas de mares insondables, perdidos en la bruma de dorados crepúsculos. La línea de tus ojos me abraza y aprisiona mi corazón voluble dejándolo aturdido, cofre de íntimos duelos a ti siempre pegado, bálsamo de olorosas esencias curativas. Tu mirada es la cueva de todos mis deseos y en ella me refugio de duelos y pesares, aureola del tiempo, lecho de alas y plumas, recuerdos encerrados en auroras de fuego. Dependo de tus ojos para seguir viviendo porque mi sangre corre, perdida, en tu mirada. 34 Eres como la fruta recién hecha en la rama del árbol por la noche a la que aún no han picado las avispas con las primeras luces de la aurora. Asombrada de ver el amarillo que inunda tus pomares cuando sale el sol en su espadaña de los montes, sorprendida en la pulpa que te llena, eres cereza, lima e indefenso racimo de uvas frescas y olorosas, expuesta a larvas, pájaros y abejas. Roja, amarilla, verde, ensimismada en tu tierna dulzura acontecida en el misterio de tu primavera. 35 Partir lejos, muy lejos, borracho de impaciencia, explorar nuevos besos, palabras, latitudes, abandonar los libros leídos y olvidados, descubrir otros ecos en otros nuevos labios... Ni los bellos jardines que reflejan tus ojos, ni los profundos mares que surcó mi navío, no retendrán ya nunca mi corazón ahogado por los arduos desiertos de las noches sin luna. Bogar, halar al frente, singlar a toda máquina, recorrer mares, millas, capitán o grumete, y navegar aprisa hacia remotas playas. Dejar atrás sirenas, preocupación, naufragio, y avanzar por la estela de plata que promete cantos de libertad azul, paz, islas de gozo. 37 Te fuiste y has dejado triste mi corazón. Desprotegido, yermo, silente, solitario. Como un cielo sin luna o una rama caída, como un inmenso campo de mieses calcinado... Mi aliento está vacío como una caracola, como una madriguera recién abandonada, como inmensa laguna reseca en el verano... Nido sin ave, estepa, puente sin su río... Mi boca se rebosa de llantos que no brotan de duros. Como pez o palomo o trigo o muro arrebatado, herido, segado o derruido, mi corazón se encoge en un difícil nudo de soledad, más duro y más terrible acaso que el desmedido hueco que siento entre mis brazos. 40 Sobrevíveme siempre, cuando muera, en tu fulgor, en tu aleteo constante. Surca los cielos, llénate de estrellas y arráncale su estruendo a las campanas. Que no se vuelva triste tu mirada ni se apodere el negro de tu noche. Abre bien los balcones de tu pecho y no me busques donde no me halles. Que yo estaré donde tu risa estalle, donde esté tu verdad, tu paraíso y alguien llore secándote una lagrima. Y no me añores más de lo debido: vive el amor de los que estén contigo para que yo no sufra desde el aire. 41 ¿De dónde te surgieron esas alas? ¿Cuándo emprendiste el vuelo? ¿Qué milagro te transformó en calandria cantarina y te enseñó a cruzar, tú sola, el cielo? ¡Qué transubstanciación tan repentina! Ayer, —de eso hace nada— no eras nada, esbozo de mujer, simple polluelo, y hoy surcas ya las auras con tus plumas. Para escapar del suelo no hay caminos sino los que conducen a las nubes, y para encaramarse en las alturas sólo se asciende remontando el vuelo. ¡Vuela hoy feliz y embriágate de azules, antes que te derribe el desconsuelo! 43 Música, sólo eso en tus palabras: pluma, zumbido, cántico, tonada, nada que pese, nada que se pose, sólo leves susurros y aleteos. Y luego, en un crepúsculo sereno, o en un alba de prístinos reflejos, el brillo de tus ojos y tus labios apenas entreabiertos como brotes. Sólo el color, tan sólo los matices, la impresión pura y viva sin contornos, nunca la forma ni el perfil concreto. Del sueño el halo, del amor el celo, del ala el vuelo, de la mano el pulso, del labio el beso, el resplandor del cielo. 47 Corre a mi lado ya, sombra, sospecha, presagio, augurio, convicción segura de beso, abrazo, fuente, inmenso río de suavidad, de mar y de isla múltiple, de soñada esperanza, de mañana, de noche de albahaca y de jazmines, de cansados jinetes sudorosos, de penumbra de amor, de luz de luna. Abandona tu torre y tu alcazaba, presentimiento fiel de colorines, zumbido de avisperos, canto puro de ruiseñor, arpegio de violines, fanal de ascuas ardientes, lumbre, llama, y abrásame deprisa con fuego. 49 ¿Y si el amor fuese una fría daga de acero y plata y cortes afilados, desgarrándote el alma lentamente? ¿Y si fuese un cercano precipicio, profundo pozo, lanza, piedra oscura, violento rayo, noche sin mañana, tormenta de ascuas, furia de galerna que te golpea la frente a todas horas? ¿Y si el amor fuese una herida abierta sangrándote en el pecho sin medida, un tiburón, un lobo, una serpiente haciendo presa siempre en tu garganta? ¿Y si el amor fuese un arroyo ardiente y tú sed y paloma y corazón y playa? 50 En las tardes de otoño me iré por los caminos, bajo los cielos grises celados de tormenta, buscando los misterios de los bosques profundos, mientras el viento fresco me baña los cabellos. En las tardes de otoño, con tu nombre en mis labios y en mi cabeza sólo tu lúcido recuerdo, recorreré senderos que me inunden el pecho de un vigor renovado por todos nuestros sueños. E iré lejos, muy lejos, hasta el fondo del valle, enredadas las auras y brisas en mi pelo, en mis cavilaciones y en estos pensamientos. Y avanzaré callado para oír el silencio de la naturaleza con sus tenues murmullos, perdido por los montes, mecido por el viento.